Por Pedro Royo Manero (Ginecólogo colegiado - 312203918).
Para entender lo que ocurre en estos casos hay que conocer, de forma sencilla, cómo funciona el eje hipotálamo-hipófisis-testicular, que regula buena parte de la producción hormonal y espermática del hombre.
El hipotálamo, situado en el cerebro, envía señales a la hipófisis para que produzca dos hormonas fundamentales: FSH y LH. La primera participa directamente en el funcionamiento de las células de Sertoli y en el proceso de formación de los espermatozoides, mientras que la LH estimula las células de Leydig del testículo para que produzcan testosterona dentro del propio testículo.
Pero cuando un hombre administra testosterona mediante inyecciones, geles, implantes u otros preparados, el cerebro detecta que ya existen niveles elevados de esta hormona en sangre y responde reduciendo las señales que envía hacia los testículos. Como consecuencia, disminuyen la LH y la FSH.
Y aquí aparece la paradoja, ya que, aunque en un análisis de sangre la testosterona pueda ser elevada, la concentración de testosterona dentro del testículo puede disminuir de forma muy importante, precisamente porque la producción propia se frena desde el cerebro.
Sin una concentración intratesticular adecuada de testosterona y sin el estímulo suficiente de la FSH, la producción espermática puede reducirse drásticamente o, incluso, llegar a detenerse. Este mecanismo se presenta como un efecto de retroalimentación negativa sobre el hipotálamo y la hipófisis, que puede acabar produciendo oligozoospermia severa o azoospermia.
El uso de la testosterona y los esteroides anabolizantes se ha generalizado en los últimos años en entornos deportivos, gimnasios y redes sociales, donde con frecuencia se presentan como una forma rápida de aumentar la masa muscular, mejorar el rendimiento físico o conseguir determinados cambios corporales.
Sin embargo, desde el punto de vista reproductivo existe una paradoja importante. Y es que la testosterona que se administra desde fuera del organismo puede hacer que el testículo deje de producir espermatozoides. Es decir, una hormona que habitualmente asociamos con la función sexual masculina puede actuar, cuando se utiliza de forma exógena y sin una indicación adecuada, como una especie de “anticonceptivo masculino” no intencionado.
De hecho, tanto la American Urological Association (AUA) como la American Society for Reproductive Medicine (ASRM) advierten de que la testosterona exógena no debe utilizarse en hombres que están intentando conseguir un embarazo, porque puede reducir de forma muy importante la espermatogénesis e incluso llegar a detenerla.
La intensidad del efecto depende de muchos factores, como la dosis utilizada, el tiempo de consumo, el tipo de preparado, el uso simultáneo de otros anabolizantes y la situación hormonal previa del paciente. Por eso no todos los hombres presentan exactamente los mismos cambios, aunque la consecuencia más frecuente es que se produzca una reducción marcada de la producción espermática.
Un seminograma de un hombre que utiliza testosterona exógena puede mostrar desde una reducción importante en la concentración de espermatozoides hasta lo que se conoce como azoospermia, ausencia de espermatozoides en el eyaculado. También puede aparecer oligozoospermia severa, una condición que se produce cuando todavía existen espermatozoides, pero su cantidad es muy reducida.
En realidad, no todos los hombres desarrollarán azoospermia, porque existe una variabilidad individual importante, pero sí se sabe que la testosterona exógena puede llegar a bloquear prácticamente por completo la espermatogénesis. Esto significa que un hombre puede mantener deseo sexual, capacidad de erección e incluso niveles elevados de testosterona en sangre y, sin embargo, presentar una fertilidad muy reducida.
Cuando se mantiene la supresión de LH y FSH se producen diferentes cambios físicos. Al disminuir la actividad de los testículos, es posible que se reduzca su volumen, algo que se conoce como atrofia testicular. Pero esto no significa necesariamente que el testículo haya perdido su función de forma permanente, ya que en muchos casos se trata de una supresión funcional causada por la falta de estímulo hormonal procedente del cerebro.
Sin embargo, cuanto más prolongada sea la exposición y mayor sea la edad del paciente, más difícil puede resultar predecir cuánto tardará en recuperarse la producción hormonal y espermática.
En la mayoría de los casos, sí. La producción de espermatozoides puede recuperarse después de suspender la testosterona exógena, pero no es algo que se recupere de forma inmediata. El proceso de espermatogénesis requiere varias semanas en condiciones normales y, además, primero debe recuperarse el funcionamiento del eje hormonal que ha permanecido inhibido. Algunos hombres comienzan a recuperar espermatozoides en los meses posteriores a la suspensión, mientras que otros necesitan 6, 12 meses o incluso más tiempo.
El tiempo necesario dependerá de diferentes factores como el tiempo de consumo de estas sustancias, así como las dosis o el tipo de testosterona consumida. Además, factores como una mayor edad y un consumo más prolongado parecen reducir la velocidad de recuperación. Además, también hay que distinguir entre recuperar algún espermatozoide en el eyaculado y recuperar unos parámetros seminales suficientes para conseguir un embarazo espontáneo. No siempre ocurren al mismo tiempo.

En algunos entornos deportivos se habla de la PCT o post-cycle therapy, una combinación de fármacos que algunas personas utilizan por su cuenta después de un ciclo de anabolizantes con la intención de “reactivar” la producción hormonal. Pero esta práctica no se puede realizar sin seguimiento médico.
Para favorecer la recuperación de la función testicular en determinados pacientes suelen utilizarse fármacos como hCG, clomifeno u otros moduladores hormonales, pero su indicación, dosis y duración dependen del perfil hormonal y reproductivo de cada hombre.
Cuando un hombre ha utilizado testosterona o esteroides anabolizantes y quiere ser padre, lo primero que hay que hacer es conocer cuál es su situación real, ya que no todos los pacientes necesitarán el mismo tratamiento. Hemos preparado esta guía para evaluar y recuperar la fertilidad:
Si la testosterona se utiliza sin indicación médica, el primer paso suele ser interrumpir su administración, pero siempre con asesoramiento profesional. En casos de que sea una terapia prescrita por hipogonadismo, no debería suspenderse o modificarse por iniciativa propia, y es necesario valorar alternativas que permitan controlar los síntomas sin poner en peligro de forma innecesaria la fertilidad.
El seminograma permite comprobar si existen espermatozoides en el eyaculado y, en el caso de que los haya, estudiar su concentración, movilidad y morfología. Entre otros valores, se puede determinar:
Los valores de FSH y LH ayudan especialmente a saber si el eje hormonal continúa suprimido y permiten diferenciar distintos tipos de alteraciones.
En muchos hombres, simplemente suspender la testosterona y esperar permite que el eje hormonal comience a recuperarse de forma progresiva. En otros, especialmente cuando existe azoospermia persistente, cuando se desea acelerar la recuperación por motivos reproductivos o cuando el eje permanece claramente inhibido, el especialista puede valorar tratamientos hormonales.
Una de las posibilidades es utilizar gonadotropina coriónica humana o hCG, que actúa de forma similar a la LH y estimula la producción testicular de testosterona. Además, en algunos casos puede añadirse FSH para estimular directamente la espermatogénesis.
También existen moduladores selectivos de los receptores de estrógeno, como el clomifeno, que pueden utilizarse en algunos perfiles para favorecer la producción endógena de gonadotropinas. Sin embargo, estos tratamientos deben personalizarse en cada caso, y la elección dependerá del seminograma, los valores hormonales, el tiempo de consumo, la edad y la urgencia reproductiva.
Haber utilizado testosterona o anabolizantes no significa que se haya perdido para siempre la posibilidad de convertirse en padre. En muchos casos, la producción espermática puede recuperarse, aunque para saber cuál es la estrategia adecuada primero necesitamos conocer hasta qué punto se ha suprimido la función testicular.
En IVF-Life, el estudio del factor masculino permite valorar el seminograma, el perfil hormonal y los antecedentes de consumo para determinar si es recomendable esperar una recuperación espontánea, plantear un tratamiento específico o recurrir a técnicas de reproducción asistida cuando sea necesario.
En algunos pacientes puede recuperarse una cantidad suficiente de espermatozoides para buscar el embarazo de manera natural, y en otros, la recuperación puede ser parcial y técnicas como la fecundación in vitro con ICSI permiten trabajar con cantidades muy reducidas de espermatozoides.
Lo importante es no intentar solucionar el problema mediante nuevas combinaciones hormonales por cuenta propia, porque la misma manipulación hormonal que inicialmente perjudicó la fertilidad puede complicar todavía más el proceso si se utilizan tratamientos sin conocer primero qué está ocurriendo en el organismo. Por eso, si existe deseo reproductivo, es necesario realizar una valoración especializada para conocer cuál es la situación actual y establecer una estrategia para intentar recuperar la producción espermática y mantener las mayores posibilidades posibles de conseguir un embarazo.
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