Los folículos antrales son pequeños sacos de líquido que se encuentran en los ovarios de la mujer y que contienen óvulos inmaduros.
Aparecen al comienzo de cada ciclo menstrual y juegan un papel crucial en la ovulación, ya que, durante cada ciclo, estos folículos son “reclutados”, pero solo uno madura completamente y libera un óvulo durante la ovulación.
El recuento de los folículos antrales es una prueba que se utiliza para medir la reserva ovárica de la mujer.
Entre 5 y 10 folículos antrales por ovario marcan una reserva ovárica normal, lo que supone contar con una cantidad adecuada de óvulos disponibles en los ovarios y, por tanto, mayor probabilidad de embarazo y un buen indicador de fertilidad.
A medida que una mujer envejece, el número de folículos antrales disminuye y, con ellos, su reserva ovárica, reduciendo así sus posibilidades de concebir. En este sentido, los expertos recomiendan a las mujeres que quieran postergar su maternidad la vitrificación ovocitaria, una técnica que permite congelar los óvulos para poder utilizarlos en el futuro en un tratamiento de reproducción asistida.
Hasta los 30 años la disminución es lenta con una pérdida anual del 2-3%.
Entre los 30-35 años la disminución se acelera progresivamente, perdiendo alrededor del 3-5% anual.
A partir de los 35 años la disminución es más pronunciada, llegando a perder un 10% cada año.
El recuento de los folículos antrales se realiza a través de dos métodos:
A través de un análisis de sangre se pueden medir los niveles de las dos hormonas. La hormona antimülleriana es producida por los folículos en desarrollo y sus niveles son un buen indicador de la reserva ovárica. Por su parte, niveles altos de FSH pueden indicar una baja reserva.
Estos métodos combinados proporcionan una imagen más completa de la reserva ovárica de una mujer y pueden ayudar a planificar tratamientos de fertilidad en caso de ser necesario.
Dr. Manuel Izquierdo, de IVF-Life Madrid
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Una buena reserva ovárica aumenta las posibilidades de un embarazo natural. A mayor cantidad de óvulos disponibles, más oportunidades para que ocurra la ovulación y, por tanto, la fecundación.
No obstante, aunque la cantidad es importante, la calidad también disminuye con la edad. Una reserva ovárica adecuada es sinónimo, en términos generales, de una mejor calidad ovocitaria, lo que reduce el riesgo de anomalías cromosómicas y de abortos espontáneos.
En cuanto al impacto que tiene en los tratamientos de reproducción asistida, las mujeres con buena reserva ovárica responden mejor a estos tratamientos, y que se pueden obtener más óvulos durante el ciclo y aumentar así las posibilidades de éxito.
Además de la edad, que es considerado el más determinante, la reserva ovárica puede verse afectada por la predisposición genética de la mujer a tener más o menos óvulos disponibles.
Por supuesto, tratamientos como la quimioterapia o la radioterapia pélvica pueden reducir esta reserva y enfermedades como la endometriosis pueden influir de forma negativa a mantener una buena cantidad de óvulos.
Las enfermedades autoinmunes también pueden tener un impacto en la reserva ovárica y la fertilidad de las mujeres. Algunas de estas enfermedades pueden atacar a los ovarios y reducir la reserva ovárica. Al mismo tiempo, pueden afectar a la calidad de los óvulos, lo que puede dificultar la concepción y aumentar el riesgo de abortos espontáneos.
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