La eclosión o hatching en inglés, es el proceso natural donde el blastocisto (embrión en quinto o sexto día de desarrollo) consigue liberarse de esa zona pelúcida y así lograr el inicio de la implantación que dará lugar a la futura gestación.
La implantación embrionaria representa uno de los pasos más importantes dentro de un tratamiento de reproducción asistida.
En muchos casos, cuando se han descartado todos los factores posibles y se ha estudiado el embrión, pero no se logra la implantación, se recomienda realizar la técnica de hatching asistido o eclosión asistida para descartar la presencia de una membrana externa engrosada (llamada zona pelúcida) que dificulta la salida del embrión e impide su adhesión celular al útero.
La zona pelúcida es la capa externa del embrión, se libera entre el día 5 y 7 de desarrollo (en etapa de blastocisto) para implantarse en el endometrio.
Esta membrana actúa como una barrera protectora que solo permite la entrada de un espermatozoide para la fertilización y, después, cambia para evitar que otros espermatozoides penetren en el óvulo. Además, ayuda a controlar las primeras divisiones celulares del embrión hasta que alcanza la fase de blastocisto.
El embrión debe aplicar presión para que se pueda desgarrar la zona pelúcida, y es por eso que forma lo que se llama cavidad blastocélica, que da lugar a su nombre blastocisto. Esta cavidad se llena de líquido, crece, se expande y ejerce presión sobre la zona pelúcida hasta que se rompe, sale de ella y se implanta en el útero.
Sin embargo, para algunas mujeres, especialmente si son mayores de 35 años, esa capa puede ser muy dura, evitando que, una vez fecundado el óvulo, el embrión eclosione por sí solo y, por lo tanto, no se logre el embarazo.
El hatching asistido es una técnica de laboratorio que complementa a la fecundación in vitro. Consiste en perforar o realizar un pequeño orificio en la zona pelúcida del embrión, antes de realizar la transferencia de embriones, de manera que facilite la implantación.
También realizamos este procedimiento en la técnica de ICSI para poder inyectar el espermatozoide dentro del óvulo. También suele utilizarse para realizar técnicas de diagnóstico genético preimplantacional (DGP), debido a que en el DGP necesitamos hacer un agujero en la zona pelúcida para extraer una célula y analizar su contenido genético.
En función del día de desarrollo, del estado de la zona pelúcida y de la apariencia del embrión, se pueden diferenciar entre 3 tipos de blastocistos:
El embrión presenta un gran tamaño y la zona pelúcida está más fina.
La zona pelúcida se ha roto y el embrión está saliendo.
El embrión ya se ha desprendido completamente de la zona pelúcida.
Las situaciones en las que frecuentemente se aplica son:
El hatching ssistido no se realiza de forma rutinaria en todas las pacientes, solo en casos concretos. Gracias a esta técnica, en casos de fallos repetidos de implantación o cuando trabajamos con embriones criopreservados, se supera una de las barreras más importantes: que no se produzca la eclosión de forma natural.
Por lo general, la eclosión asistida suele realizarse en el día 3 después de la fecundación, cuando el embrión suele tener unas 8 células y su tamaño no ha aumentado.
Existen 3 técnicas posibles:

Al ser una técnica compleja, para evitar dañar al embrión en los tres casos se debe disponer de un microscopio invertido que debe estar equipado con un sistema de micromanipulación acoplado para realizar el procedimiento con precisión y seguridad.