Por Dr. Oliver Pack (Médico colegiado - 030308944).
La oligozoospermia u oligospermia es una alteración que puede dificultar, aunque no necesariamente impedir, la posibilidad de lograr un embarazo de forma natural. Esta condición se presenta cuando la concentración de espermatozoides en el semen es inferior a 15 millones por mililitro, según los criterios establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque esto no quiere decir que exista infertilidad, sino que los niveles están por debajo de lo considerado “normal”.
Un diagnóstico temprano no solo permite iniciar posibles tratamientos con mayor eficacia, sino también conocer las alternativas disponibles actualmente para alcanzar un embarazo.
Existen diferentes factores que pueden conducir a la oligospermia masculina, pero uno de las más frecuentes es el varicocele, una dilatación de las venas del escroto que puede aumentar la temperatura testicular y afectar a la producción de espermatozoides. En algunos casos, también es provocada por desequilibrios hormonales, infecciones (como la clamidia o la gonorrea que pueden dañar al sistema reproductor) e, incluso, a factores ambientales, como una exposición prolongada a toxinas, pesticidas, radiación o calor excesivo.
Además, si existen problemas de fertilidad es importante estudiar el estilo de vida de las personas afectadas, ya que el consumo de alcohol, tabaco o drogas, así como una mala alimentación o un estrés excesivo pueden influir negativamente.
Muestra de semen vista al microscopio
Generalmente, la oligospermia no presenta síntomas visibles, por lo que la gran mayoría de los hombres que la padece descubre que tiene esta condición cuando intenta conseguir un embarazo y no lo consigue.
A pesar de todo, hay que tener en cuenta que, si está causada por varicocele o desequilibrios hormonales, pueden aparecer signos como una disminución del deseo sexual, dolor o hinchazón en los testículos o problemas de erección y eyaculaciones anormales. No obstante, lo más importante es que sea un especialista quien valore cada caso para determinar si existe o no oligospermia y comenzar a tratarla.
La oligospermia se diagnostica a través de un seminograma, un análisis del semen en el que se evalúan aspectos como el volumen, concentración, movilidad y morfología de los espermatozoides. No obstante, en algunos casos podría ser necesario llevar a cabo estudios adicionales, como análisis hormonales, ecografías o pruebas genéticas.
Contar con un número reducido de espermatozoides no significa que sea imposible conseguir un embarazo, pero sí que puede hacer que el proceso sea más largo y complicado. De hecho, cuantos menos espermatozoides haya en el semen, menor será la probabilidad de que uno de ellos llegue al óvulo y lo fecunde.
En estos casos, la reproducción asistida juega un papel fundamental, ya que no solo puede seleccionar los mejores espermatozoides de muestras donde la concentración sea baja, sino que, además, puede facilitar todavía más el proceso realizando la fecundación in vitro, es decir, fuera del cuerpo (en laboratorio).
Dependiendo del grado de oligospermia, el médico especialista en fertilidad puede recomendar otras técnicas como la inseminación artificial (en casos donde la concentración espermática es moderada y los espermatozoides tienen buena movilidad) o la microinyección espermática (ICSI), una técnica especializada de FIV en la que se introduce un solo espermatozoide dentro del óvulo. Es especialmente útil en casos de oligospermia severa o cuando el número de espermatozoides móviles es muy bajo.
Gracias a los avances en reproducción asistida, muchos hombres con oligospermia han conseguido ser padres. Incluso en casos de oligospermia muy grave (se denomina cryptozoospermia), es posible encontrar espermatozoides viables que se pueden utilizar en una ICSI.
En algunos casos excepcionales, si no se detectan espermatozoides en el eyaculado (azoospermia), se puede recurrir a una biopsia testicular (TESA) para intentar recuperarlos directamente del testículo.