Por Dra. Rut Gómez de Segura (Ginecóloga colegiada - 28/2908776).
Cuando se inicia un tratamiento de reproducción asistida, el momento de la transferencia es, probablemente, uno de los más esperados y a la vez más emocionantes. Después de varios días de medicación, controles médicos, consultas y pruebas, arranca una nueva etapa marcada por la ilusión, aunque también por la duda.
Una de las preguntas más frecuentes en este periodo es si se pueden mantener relaciones sexuales después de la transferencia, y si hacerlo puede influir de algún modo en las posibilidades de implantación.
Una vez se ha transferido el embrión al útero materno, empieza el proceso de implantación, que suele producirse entre los primeros días posteriores a la transferencia. Durante este tiempo, el embrión comienza una serie de interacciones muy complejas con el endometrio que permitirán, si todo evoluciona correctamente, su anidación y desarrollo.
El útero es un órgano preparado para proteger el embarazo desde sus fases más tempranas, y las actividades cotidianas habituales no provocan que el embrión se “desprenda”. Sin embargo, este periodo inicial es extremadamente delicado desde el punto de vista biológico y hormonal, ya que cualquier factor que altere el equilibrio uterino podría interferir en este proceso.
Desde un punto de vista estrictamente fisiológico, no existe evidencia científica concluyente que demuestre que mantener relaciones sexuales reduzca de forma directa las tasas de implantación en ciclos de fecundación in vitro sin complicaciones. Las contracciones uterinas asociadas al orgasmo son fisiológicas y, por sí solas, no se ha demostrado que tengan la fuerza suficiente como para expulsar un embrión.
No obstante, aunque no haya evidencia, muchas recomendaciones se basan en el principio de prudencia, especialmente durante un periodo tan crítico como los días posteriores a la transferencia embrionaria. Por esta razón, la recomendación general después de la transferencia en las clínicas de IVF-Life es evitar esfuerzos intensos, no realizar baños extremadamente calientes (como en saunas), no llevar a cabo actividades de buceo o baños de inmersión para evitar una presión indebida sobre el vientre y no mantener relaciones sexuales hasta que se realice el test de embarazo.
La recomendación no está encaminada únicamente a evitar problemas con la implantación, sino que pretende mejorar de forma global el bienestar de la paciente y del entorno uterino.
Uno de los motivos que justifican esta indicación es que, en caso de la transferencia embrionaria en fresco tras la estimulación ovárica, los ovarios pueden permanecer aumentados de tamaño y sensibles, por lo que el coito puede resultar molesto o doloroso. Además, las relaciones sexuales pueden favorecer pequeñas contracciones uterinas o molestias pélvicas que, aunque no siempre sean perjudiciales, es preferible evitar durante este periodo tan sensible.
En algunos casos pueden aparecer pequeños sangrados o secreciones que generan ansiedad innecesaria durante la betaespera. Y reducir factores externos permite ofrecer al embrión un entorno lo más estable posible en sus primeros días.
Por tanto, la recomendación de abstinencia sexual temporal no debe interpretarse como una prohibición estricta por peligro inminente, sino como una medida preventiva para maximizar las opciones de que el tratamiento tenga éxito.
Más allá de los aspectos médicos, el periodo posterior a la transferencia suele estar marcado por una carga emocional intensa. Estos días se conocen habitualmente como “betaespera” y pueden acabar en ansiedad, miedo o, incluso, una tendencia a restringir de forma excesiva la vida diaria.
Por eso, mantener la intimidad en pareja puede ser positivo desde el punto de vista emocional. Mantener la cercanía emocional, el apoyo mutuo y el contacto afectivo puede ser muy beneficioso durante estos días, sin necesidad de generar presión añadida ni sentimientos de culpa.

Tras la transferencia embrionaria, las recomendaciones normalmente se centran en mantener una vida lo más normal posible, evitando únicamente situaciones muy concretas. De forma orientativa, se aconseja:
La implantación embrionaria es un proceso muy complejo en el que intervienen muchos factores, tanto del embrión como del útero y del propio equilibrio hormonal de la mujer. Aunque es habitual buscar una causa concreta cuando la implantación no se produce, lo cierto es que suele tratarse de la suma de varios elementos que deben estar perfectamente sincronizados.