Por Dra. Sara Fueyo Pestaña (Ginecóloga colegiada - 202008718).
El endometrio es el revestimiento interno del útero y de su correcta preparación depende en gran medida que el embrión pueda implantarse con éxito. Es un tejido altamente dinámico y sensible que responde de manera precisa a las hormonas femeninas.
Durante la fase proliferativa del ciclo menstrual, los estrógenos estimulan el engrosamiento y regeneración del endometrio tras la menstruación, mientras que la progesterona en la fase secretora transforma este tejido en un entorno receptivo y nutritivo para el embrión. Si no ocurre la fecundación, el endometrio se desprende y se produce la menstruación.
Pero hay que tener en cuenta que, más allá de su función biológica, el endometrio es un reflejo de la salud hormonal y metabólica en la mujer, y factores como el estrés, la obesidad, trastornos endocrinos o un uso prolongado de ciertos fármacos pueden alterar su desarrollo, comprometiendo la capacidad de implantación.

El ciclo menstrual es un proceso perfectamente coordinado que implica una serie de transformaciones en el endometrio. Durante la fase proliferativa, este tejido se regenera y desarrolla una red de vasos sanguíneos más densa. Luego, en la fase secretora, el endometrio adquiere las condiciones ideales para recibir al embrión, gracias a la actividad de glándulas que liberan nutrientes y al aumento del flujo sanguíneo.
Cualquier alteración, por mínima que sea, en alguna de estas fases puede dificultar la implantación del embrión, incluso cuando tanto el óvulo como el embrión son de buena calidad.
Es evidente, por tanto, que es necesario conocer bien el estado del endometrio tanto si una mujer está inmersa en una búsqueda de embarazo natural como si lo está haciendo a través de tratamientos de fertilidad.
Para medir el buen estado del endometrio se utilizan diferentes técnicas, como la ecografía transvaginal, que permite medir el grosor y analizar el aspecto del endometrio, aunque existen métodos más precisos, como la histerosonografía o la histeroscopia, que permiten a los profesionales médicos observar directamente el interior del útero.

También existe la posibilidad de realizar una biopsia endometrial, pero este método es más invasivo. No obstante, ofrece datos detallados sobre la respuesta hormonal y el grado de maduración del tejido.
Además, los especialistas suelen evaluar otros aspectos como la homogeneidad del endometrio, su textura ecográfica y la posible presencia de irregularidades estructurales, como pólipos, miomas o adherencias, que podrían interferir con la implantación. Con esta información, es posible personalizar los tratamientos y mejorar las posibilidades de éxito en los procedimientos de reproducción asistida.
Cuando hablamos de receptividad endometrial nos referimos al momento justo en que el endometrio está listo para recibir al embrión y, por tanto, el óptimo para conseguir su implantación, por lo que su detección precisa es crucial para maximizar las posibilidades de embarazo. Se le conoce como “ventana de implantación” y suele ocurrir entre 6 y 10 días después de la ovulación.
En los últimos años, las pruebas de receptividad endometrial han ganado protagonismo. Sirven para analizar la expresión genética y hormonal del tejido para determinar si el endometrio está sincronizado con el desarrollo del embrión, permitiendo transferencias embrionarias más personalizadas y con mayores posibilidades de terminar en embarazo.
Como ya hemos visto, es imprescindible para conseguir la implantación que el endometrio esté preparado y receptivo, porque si existen alteraciones en su grosor, vascularización o sincronización hormonal, hasta los embriones de alta calidad pueden fracasar en su intento de implantarse. Por esta razón, la evaluación endometrial se considera un paso muy importante en los tratamientos de reproducción asistida, así como un factor de análisis en casos de infertilidad recurrente.
El estudio del endometrio no solo mejora las probabilidades de embarazo, sino que también permite anticipar complicaciones potenciales, como abortos espontáneos de origen endometrial, ofreciendo a las pacientes un tratamiento más seguro y personalizado.
Pero, además del seguimiento médico, la salud del endometrio se ve influida por factores cotidianos. Por eso, mantener un estilo de vida saludable, equilibrar la alimentación, controlar el estrés, tratar trastornos endocrinos y acudir a revisiones ginecológicas periódicas son medidas que pueden mejorar la receptividad endometrial y la fertilidad en general.