Por Dra. Victoria Verdú (Ginecóloga colegiada N.º 282847366).
Llevar a término un embarazo es un proceso extremadamente complejo para el cuerpo humano. Se producen multitud de cambios fisiológicos y hormonales que están perfectamente encadenados para que todo el proceso pueda llevarse a cabo sin problemas, dando lugar a una nueva vida.
Las hormonas, precisamente, son un elemento fundamental, porque no solo consiguen que se produzca el embarazo, sino que también lo sostienen y lo protegen para que llegue hasta el final.
En España, se calcula que entre un 5% y un 10% de las mujeres en edad reproductiva podrían presentar dificultades para concebir debidas a desequilibrios hormonales. Cuando una mujer se queda embarazada, su cuerpo empieza a producir una serie de hormonas que desempeñan funciones totalmente esenciales. Las más importantes son:
Es una de las primeras que aparecen una vez se ha producido la fecundación. Está producida por el embrión y su función principal es mantener el cuerpo lúteo en el ovario. Esta hormona es de las más conocidas porque es la que detectan los test para confirmar que se ha producido el embarazo.
Es la hormona encargada de mantener el endometrio (la capa interior del útero) en condiciones óptimas para recibir al embrión. Además, inhibe las contracciones uterinas prematuras y prepara las glándulas mamarias para la producción de leche materna. La progesterona es inicialmente producida por el cuerpo lúteo, y a partir del final del primer trimestre, la placenta asume esta función.
Los estrógenos son los responsables de promover el crecimiento del útero y ayudan en el desarrollo de las mamas. También tienen un papel en la regulación del sistema inmunológico materno, evitando que pueda rechazar al feto al considerarlo un elemento extraño.
Esta hormona aumenta la disponibilidad de glucosa y ácidos grasos para el feto, modificando el metabolismo materno, además de contribuir también al desarrollo de las mamas
Es importante para la hora del parto, ya que se encarga de relajar los ligamentos de la pelvis y ablandar el cuello uterino para facilitar el parto. Por otro lado, también participa en las primeras fases del embarazo facilitando la implantación y aumentando el riego sanguíneo del útero.
Su protagonismo es mayor en el parto y la lactancia, pero comienzan a aumentar durante el embarazo. La oxitocina estimula las contracciones uterinas y la prolactina prepara las glándulas mamarias para la producción de leche.

Los desequilibrios hormonales durante el embarazo pueden tener consecuencias tanto para la madre como para el bebé. Reconocer los signos de alerta no siempre es fácil, pero existen algunos factores que nos pueden hacer sospechar de que algo no está funcionando a la perfección. Por ejemplo:
Por eso, si se detectan algunos de estos síntomas, es muy importante consultar con un especialista en medicina reproductiva o ginecología.
Los desequilibrios hormonales pueden suponer un freno a la gestación de forma natural. Entre ellos, el más habitual es el síndrome del ovario poliquístico (SOP), que puede alterar la ovulación y, por tanto, impedir que se produzca el embarazo. También se puede producir un déficit de progesterona, lo que deriva en una falta de preparación del endometrio para recibir el embrión.
Otras alteraciones frecuentes son el hipotiroidismo y el hipertiroidismo, que afectan al desarrollo embrionario o la hiperprolactinemia, es decir, niveles elevados de prolactina que pueden bloquear la ovulación.
La gonadotropina coriónica humana, o hCG, es la hormona que aparece en sangre y orina unos días después de la fecundación, en torno a la implantación embrionaria. Por tanto, su presencia permite que los test de embarazo detecten si una mujer está embarazada.
Los test de orina la identifican a partir de niveles mínimos, mientras que los análisis de sangre miden la cantidad exacta, lo que puede aportar información más precisa sobre el estado de la gestación. Los niveles de hCG suelen duplicarse cada 48-72 horas durante las primeras semanas, y su seguimiento puede ser clave para confirmar que el embarazo evoluciona correctamente.
Los desequilibrios hormonales pueden suponer un freno a los tratamientos de reproducción asistida. Controlarlos y tratarlos pueden mejorar las probabilidades de embarazo. Por eso, como parte del proceso, los especialistas en medicina reproductiva pueden aconsejar tratamientos previos para corregir estos desequilibrios.
En estos casos, no siempre es necesario el uso de fármacos. En ocasiones, cambiando los hábitos de vida (como dejar de fumar) o reduciendo el peso, puede ser suficiente. En otros, por supuesto, será necesario ayudar a la ovulación con medicación, como el citrato de clomifeno, que induce la ovulación, o la inyección de gonadotropina (FSH). También se pueden ofrecer tratamientos coadyuvantes con progesterona para tratar los déficits de progesterona.
No obstante, todas estas decisiones deben tener siempre una base médica, y serán los profesionales médicos los que aconsejarán el mejor tratamiento después de estudiar cada caso de forma personalizada.