Por Dr. Oliver Pack (Médico colegiado - 030308944).
Entre las afecciones que pueden afectar a la fertilidad masculina nos encontramos con la orquitis, especialmente cuando se asocia a infecciones virales como las paperas o a procesos inflamatorios graves. Esta afección no siempre deja secuelas, pero su impacto puede ser significativo cuando afecta de forma intensa o bilateral.
La orquitis es una inflamación del testículo que puede aparecer de manera repentina y provocar dolor, hinchazón o sensibilidad en el escroto. Se debe normalmente a una infección, aunque a veces puede asociarse con algún traumatismo o con la extensión de una inflamación previa en el epidídimo, lo que se conoce como orquiepididimitis.
En función de la causa, puede afectar a un solo testículo o presentarse de forma bilateral, lo que puede aumentar el riesgo de complicaciones.
La fertilidad masculina puede verse comprometida por diferentes afecciones que, en muchos casos, requieren un tratamiento poco invasivo o, incluso, un simple cambio de hábitos. Por eso, es muy importante realizar un seguimiento adecuado de la salud testicular para detectar a tiempo este tipo de problemas.

Existen diferentes motivos que pueden provocar orquitis en los hombres. Por un lado, está el origen bacteriano, habitualmente relacionado con infecciones genitourinarias o enfermedades de transmisión sexual. Por otro, puede darse un origen viral, siendo las paperas la causa más conocida, sobre todo cuando la infección se produce en la adolescencia o en la edad adulta.
Esta inflamación viral tiende a ser más agresiva y puede dañar de forma más intensa el tejido testicular. También existen casos secundarios a traumatismos o procedimientos médicos, aunque son menos frecuentes.
Para diagnosticar la orquitis suele ser suficiente con una exploración física y algunas pruebas complementarias que permitan diferenciar la orquitis de otras patologías, como la torsión testicular. Normalmente, se diagnostica a través de la ecografía escrotal, que sirve para evaluar el estado del tejido testicular y detectar signos de inflamación, acumulación de líquido o alteración del flujo sanguíneo.
En paralelo, los análisis de sangre y orina permiten identificar el origen infeccioso y orientar el tratamiento.
Como en otras afecciones relacionadas con la zona genital, tanto masculina como femenina, la relación con la fertilidad dependerá en gran medida de la intensidad de la inflamación y del tipo de infección que la provoque. Si el proceso es leve o unilateral, en la mayoría de los casos no deja secuelas importantes. Sin embargo, si la inflamación es intensa o afecta a ambos testículos, puede dañar las células encargadas de producir espermatozoides y reducir así su concentración, movilidad o morfología.
La orquitis por paperas, especialmente cuando se desarrolla después de la pubertad, es la que con más frecuencia puede originar una disminución duradera de la calidad seminal. la inflamación puede comprometer la producción hormonal y la producción de espermatozoides, generando secuelas que, en algunos hombres, pueden traducirse en oligozoospermia severa o incluso azoospermia.

Por otro lado, las orquitis bacterianas suelen responder rápidamente al tratamiento antibiótico y, aunque pueden afectar temporalmente al esperma, lo habitual es que la función testicular se recupere con el tiempo. Por su parte, la orquitis viral tiende a ser más agresiva, porque los virus tienen mayor capacidad de destruir el tejido testicular.
En cualquier caso, la inflamación testicular altera el entorno donde se forman los espermatozoides. Un aumento de temperatura, la presión en los túbulos seminíferos y los daños en las células germinales pueden reducir tanto la producción como la calidad del esperma. En algunos casos, la lesión afecta también a las células de Leydig, responsables de producir testosterona, lo que puede acentuar el impacto sobre la fertilidad.
Para los casos donde la orquitis deja secuelas importantes y la producción de espermatozoides se ve alterada, existen diferentes procedimientos de extracción espermática testicular, como la biopsia testicular (TESE) o la micro-TESE, que permiten localizar focos de espermatogénesis incluso en testículos muy dañados.
Estos espermatozoides pueden utilizarse después para una fecundación in vitro con ICSI, lo que ha permitido que muchos hombres con azoospermia tras orquitis puedan ser padres biológicos.