Por Dra. Pilar Carrillo Torres (Ginecóloga colegiada 080854792).
La adenomiosis o adenomiosis uterina es una patología bastante frecuente. Se manifiesta por la presencia de tejido endometrial o revestimiento del útero en el miometrio, la capa muscular del útero. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada diez mujeres sufre esta enfermedad. Además, el 25% de los casos afectan a mujeres de entre 35 y 50 años.
Dependiendo del alcance y la zona donde aparezcan, se distinguen dos tipos de adenomiosis:
Por otra parte, y según la ubicación del tejido endometrial en el miometrio, se puede distinguir entre adenomiosis superficial y adenomiosis profunda.

La causa exacta de la adenomiosis no se conoce con exactitud, aunque se cree que puede deberse a una combinación de factores hormonales, quirúrgicos, genéticos y de inflamación.

La adenomiosis está asociada con los sangrados abundantes, fuertes dolores menstruales, así como con el aumento del tamaño del útero. Aunque esta afección esté relacionada con una gran variedad de síntomas, los síntomas más comunes de la adenomiosis son lo siguientes:
Algunos de los síntomas de la adenomiosis también pueden aparecer en otras enfermedades ginecológicas benignas como la endometriosis, la miomatosis y los pólipos uterinos. Por eso a día de hoy todavía puede haber confusión en su diagnóstico. Cabe destacar que aproximadamente el 30% de las mujeres con adenomiosis pueden ser asintomáticas.
En más de un 10% de los casos, la adenomiosis aparece acompañada de focos de endometriosis. Es tal su relación que en el campo de la ginecología y de la medicina reproductiva, también se refieren a la ella como endometriosis interna. A simple vista, la endometriosis y la adenomiosis son dos enfermedades similares que afectan a los tejidos del útero y el revestimiento del endometrio, sin embargo, es importante saber diferenciarlas.
En la endometriosis (una de las principales causas de infertilidad en las mujeres), el desplazamiento de tejido endometrial se produce fuera del útero, provocando lesiones inflamatorias en otros órganos y dificultando el embarazo de forma natural. En la adenomiosis, las células endometriales se desplazan solo hacia la zona del miometrio.
Para comprender la diferencia entre ambas alteraciones es saber que el útero de una mujer presenta dos capas:
El endometrio o capa interna del útero es la parte que se prepara en cada ciclo para que se produzca la implantación del embrión. Si no se produce, esta capa se desprende, provocando la menstruación.
El miometrio es la capa muscular del útero situada entre el endometrio y la capa exterior del útero. Es el responsable de las contracciones uterinas durante el parto y la menstruación. Durante el periodo, el tejido endometrial ubicado en el interior del miometrio se comporta de la misma manera que el endometrio que no se ha desplazado. Así, las hormonas que produce el ovario causan el engrosamiento y la degradación de este tejido, generando dolores intensos y un sangrado abundante.
Según nuestros especialistas en fertilidad, el proceso de diagnóstico de la adenomiosis comienza con “la sospecha de síntomas por parte del especialista. Aunque alcanzar el diagnóstico exacto puede ser un reto, la aparición de cierta sintomatología puede orientar al experto”. Hoy en día, gracias a los avances en la técnica ecográfica, es más fácil para los expertos diagnosticarla.

Para garantizar un buen diagnóstico, las técnicas de imagen son cruciales así como la realización de una ecografía transvaginal 2D y eventualmente una ecografía en 3D, que conllevará a la observación de un útero agrandado ya sea de manera difusa o local. También será necesario realizar una resonancia magnética para confirmar la enfermedad.
La adenomiosis es un problema para muchas mujeres en edad fértil y su diagnóstico sigue siendo tan tardío como el la endometriosis. Es cierto que se da en un porcentaje mucho menor, apenas un 1% de la población femenina, pero no olvidemos que cualquier mujer puede tener adenomiosis.
Se ha demostrado que esta enfermedad puede causar dificultad para concebir, lo que puede llevar a embarazos ectópicos, en los que el embrión se implanta y crece fuera del útero o abortos de repetición. Además, en algunos casos, también puede complicar la implantación del embrión en el útero, motivo por el cual esta enfermedad suele relacionarse en muchos casos con el fallo de implantación.
El crecimiento del tejido endometrial que genera esta enfermedad puede tener su origen en la cantidad excesiva de estrógenos que segrega el organismo de la mujer. En estos casos, se genera en el organismo de la mujer un ambiente hiperestrogénico y de resistencia a la progesterona, lo que altera la receptividad del endometrio.
Esta alteración uterina puede llegar a generar problemas de fertilidad en las mujeres, obstaculizando el proceso de implantación del embrión y siendo este el motivo de recurrentes fallos de implantación. Varios estudios indican que hasta el 22% de las mujeres que tienen problemas para concebir sufren de adenomiosis.
El tratamiento de esta enfermedad depende en gran medida de su sintomatología y de la situación individual de la paciente. Entre las opciones de tratamiento de la adenomiosis existentes se encuentran los métodos farmacológicos, con medicamentos antiinflamatorios que reducen sus síntomas o medicación hormonal pautada por el especialista. En casos severos o en los que la medicación no ha surtido efecto se podrá considerar la cirugía.
¿Qué sucede en los casos en los que se quieran tener hijos? La primera visita de fertilidad con nuestros especialistas se centrará en conseguir un diagnóstico acertado. Solo así podremos determinar desde el principio si la infertilidad de la paciente se debe a esta patología.
En el caso de una mujer con adenomiosis, la paciente debe partir de una adecuada preparación de la cavidad uterina. Es por ello que se propone realizar inicialmente una estimulación ovárica. Esto permite obtener ovocitos y llevar a cabo una fecundación in vitro colocando los embriones con mayor posibilidad de implantación en el útero de la mujer. Otra opción sería considerar la vitrificación de óvulos para plantearse el tratamiento adecuado en otro momento.
La administración de tratamientos anticonceptivos o de medicamentos receptores de estrógenos antes de iniciar el tratamiento de fertilidad puede ser la mejor opción para reducir la sintomatología de esta enfermedad. En algunos casos, las pacientes también deben ser tratadas con agonistas de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH), que pueden causar un estado temporal similar a la menopausia.