Por Dr. Manuel Izquierdo (Ginecólogo colegiado - 280308601).
Todo lo que rodea a la fertilidad (y a la infertilidad) sigue causando mucha curiosidad en nuestra sociedad. Pero existen todavía creencias que, aunque están alejadas totalmente de la realidad médica, continúan en el imaginario colectivo. Algunas de ellas pueden generar falsas expectativas y otras, una preocupación innecesaria.
En este contexto es importante informarse siempre con fuentes fiables, a través de equipos médicos especializados en reproducción asistida y que están preparados para resolver dudas y aportar información real sobre este tema. Por eso, queremos hacer una recopilación de los principales mitos sobre la fertilidad para ayudar a resolver dudas.
Uno de los mitos más extendidos es que solo la fertilidad de la mujer se ve perjudicada con el paso del tiempo. Y es verdad que la reserva ovárica y la calidad de los óvulos disminuyen con la edad, especialmente a partir de los 35 años, pero la edad del hombre también puede afectar a la fertilidad masculina.
Con los años, la calidad del semen puede descender, con mayor fragmentación del ADN espermático y con un aumento del riesgo de alteraciones genéticas. La fertilidad es cosa de dos, y el factor edad no entiende de sexos.
Muestra de semen con azoospermia
Que los ciclos menstruales sean regulares suele ser un buen indicador de que existe ovulación, pero no garantiza por sí solo que no haya dificultades para conseguir un embarazo. Pueden existir otros factores que influyan en el proceso de concepción, como alteraciones hormonales sutiles, problemas tubáricos, endometriosis o causas masculinas que no se detectan a simple vista. Por tanto, la regularidad menstrual es una buena señal, pero no una garantía absoluta.
El estrés no es la causa directa de la infertilidad, aunque sí puede influir en el bienestar general y en cómo se vive el proceso reproductivo. La implantación embrionaria y la fecundación son procesos biológicos complejos que no corren peligro por el estado de estrés de la mujer. Aun así, cuidar la salud emocional es importante, especialmente cuando la búsqueda de embarazo se alarga en el tiempo.
Es muy común pensar que, si se ha conseguido un embarazo, no tiene por qué haber problemas para conseguir otro uno años más tarde. Pero en algunos casos se produce lo que se conoce como infertilidad secundaria: aparecen dificultades para lograr un nuevo embarazo tras haber sido madre previamente. Esto puede deberse a cambios hormonales, a alguna cirugía previa, a infecciones, a alteraciones seminales o, simplemente, al paso del tiempo.
Los métodos anticonceptivos hormonales no provocan infertilidad permanente. Una vez que se suspende el tratamiento, el organismo suele recuperar su funcionamiento habitual. Este proceso puede durar semanas o incluso meses, pero se recupera la función reproductiva. En caso de que el embarazo no llegue después de ese tiempo, la causa suele estar relacionada con factores previos y no con el uso de los anticonceptivos.
La fertilidad (y la infertilidad) no depende solo de la genética o de la edad de las personas. Factores como el estilo de vida pueden influir de forma importante para que se produzca. Fumar, beber alcohol, consumir drogas, tener sobrepeso u obesidad o llevar una alimentación poco saludable pueden afectar tanto a la calidad de los óvulos como del semen.
Hábitos nocivos como fumar pueden perjudicar la fertilidad
Por eso es importante adoptar hábitos saludables antes de comenzar con la búsqueda del embarazo, aunque esto no garantiza que se consiga, pero sí aumenta las posibilidades.
Puede parecer algo excepcional, aunque la realidad es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que 1 de cada 6 personas en edad reproductiva en el mundo sufre de infertilidad en algún momento de su vida. Estas cifras, sumadas a los nuevos estilos de vida (cada vez se retrasa más el momento de la maternidad), confirman una tendencia a un uso cada vez mayor de técnicas de reproducción asistida para conseguir el embarazo.
Frases como “relájate y ya llegará” son frecuentes cuando una mujer o una pareja están en búsqueda de un embarazo, pero la realidad es que no se apoyan en la evidencia científica. Por supuesto que el bienestar emocional es importante, pero dejar de pensar en el embarazo no soluciona problemas médicos subyacentes que es necesario investigar y, en su caso, tratar para conseguir el embarazo. Este tipo de mensajes, además, pueden generar culpa o frustración innecesaria en quienes llevan tiempo intentando concebir.
La fertilidad no es un tema sencillo ni se puede explicar con frases hechas o creencias populares. Contar con información fiable es el primer paso para tomar decisiones y evitar miedos innecesarios.