Por Dra. Victoria Verdú (Ginecóloga colegiada N.º 282847366).
Los folículos ováricos son pequeñas estructuras dentro del ovario que contienen un ovocito (óvulo inmaduro) rodeado por células que lo nutren y lo ayudan a madurar.
Podemos imaginarlos como “bolsitas” microscópicas donde se desarrollan los óvulos. Cada folículo incluye: el ovocito (la futura célula reproductiva femenina); células de la granulosa, que lo nutren; células de la teca, que producen hormonas; y líquido folicular cuando el folículo madura.
El número, el tamaño y la evolución de estos folículos son parámetros clave para conseguir un embarazo, tanto de forma natural como a través de técnicas de reproducción asistida.
Son pequeñas estructuras llenas de líquido que se encuentran en los ovarios y que contienen en su interior un ovocito inmaduro. Cada uno de esos folículos actúa como una especie de “cápsula” que protege y nutre al óvulo mientras madura.
Las mujeres nacen con todos los ovocitos que tendrán a lo largo de su vida, y durante su etapa reproductiva, muchos de esos ovocitos inician su desarrollo, pero solo una pequeña parte llegará a completar el proceso de maduración. De hecho, en cada ciclo menstrual, varios folículos comienzan a crecer bajo la influencia de las hormonas, aunque normalmente solo uno alcanza la fase de ovulación.
Esto dependerá de cada mujer y de la edad que tenga. Para contarlos, se realiza una ecografía transvaginal al inicio del ciclo menstrual para observar los llamados folículos antrales, pequeños sacos llenos de líquido que contienen óvulos inmaduros y que sirven como indicador de la reserva ovárica. De forma orientativa:
Este recuento no se interpreta de manera aislada, sino junto con otras pruebas hormonales y con la edad de la paciente.
Micrografía del ovario humano que muestra folículo de Graafian que contiene ovocitos secundarios.
El desarrollo folicular es un proceso complejo que se produce en varias fases:
Durante los primeros días del ciclo menstrual, varios folículos empiezan a desarrollarse en los ovarios. Con el paso de los días, uno de ellos suele imponerse sobre los demás y se convierte en el llamado folículo dominante, que será el que finalmente libere el ovocito en la ovulación, mientras el resto de folículos se atresian y se reabsorben.
A lo largo de este proceso, el folículo va creciendo de forma progresiva. Al comienzo suelen medir entre 2 y 10 milímetros, pero conforme avanza el ciclo el folículo dominante puede llegar a alcanzar entre 18 y 24 milímetros antes de que se produzca la liberación del ovocito (ovulación).
En los tratamientos de reproducción asistida la situación es diferente. En lugar de que madure un solo folículo, los especialistas utilizan medicación hormonal para estimular el crecimiento de varios a la vez (todos los que la mujer recluta en el ovario para ese ciclo), con el objetivo de obtener múltiples ovocitos en un mismo ciclo y ampliar así las posibilidades de éxito del tratamiento.
El estudio de los folículos ováricos ofrece información muy importante sobre el funcionamiento del ovario y la capacidad reproductiva que tiene la mujer en el momento en que se estudia. Los especialistas médicos utilizan como parámetros para orientar los tratamientos de fertilidad tanto el número de folículos disponibles, como su evolución durante el ciclo y su respuesta a la estimulación hormonal.
Por esta razón, las ecografías de seguimiento y el recuento de folículos forman parte esencial de la evaluación reproductiva y permiten adaptar los tratamientos a las características de cada paciente. En reproducción asistida, cada caso es único y no existe una fórmula mágica ni general para conseguir un resultado positivo. Por eso, la personalización y el estudio pormenorizado de cada caso es la clave de todo el proceso.