Por Dr. Alejandro Olloqui Escalona (Ginecólogo colegiado - 282867126).
Los pólipos endometriales o pólipos uterinos no suponen un riesgo grave en la mayoría de los casos, pero sí que es necesario que se vigilen para mantener una buena salud ginecológica y para evitar que puedan generar dificultades a la hora de buscar un embarazo.
Por esta razón, es fundamental realizar revisiones ginecológicas periódicas y acudir al especialista ante cualquier alteración menstrual, con el fin de mantener una buena salud uterina y reproductiva.
Los pólipos endometriales son masas de tejido anormal que se forman en el tejido endometrial, es decir, el que recubre el interior del útero. Pueden ser de diferentes tamaños, desde pocos milímetros hasta varios centímetros. También existen diferencias en el número, y hay mujeres que presentan un solo pólipo y otras, varios.
La mayoría de estos crecimientos o formaciones son benignas, pero un pequeño porcentaje pueden presentar alteraciones precancerosas. Por esta razón, es muy importante que se diagnostiquen a tiempo y se les realice un seguimiento que permita controlar su avance y tratamiento.

La mayoría de las veces, los pólipos endometriales no presentan síntomas físicos, por lo que pasan desapercibidos para las mujeres que los padecen y se descubren durante ecografías rutinarias o revisiones ginecológicas que se llevan a cabo por otros motivos.
No obstante, en otros casos sí que presentan algunos síntomas que hay que tener en cuenta para poder identificarlos:
Estos síntomas pueden confundirse con otras alteraciones uterinas, por lo que siempre es recomendable consultar con un especialista ante cualquier cambio en el patrón menstrual.
Para el diagnóstico se utiliza normalmente una ecografía transvaginal, que permite visualizar la cavidad uterina. En algunos casos, además, se puede complementar con una histerosonografía (ecografía con suero fisiológico) o una histeroscopia, técnica que introduce una cámara en el útero para observar directamente el interior y, si es necesario, realizar una biopsia o extirpar el pólipo.
Ecografía de paciente con pólipos endometriales
La aparición de pólipos endometriales está relacionada con desequilibrios hormonales, ya que el endometrio responde al estímulo de los estrógenos. Por este motivo, son más frecuentes durante la perimenopausia o en mujeres que reciben tratamientos hormonales.
También pueden influir otros factores como la edad (son más frecuentes en mujeres entre 40 y 50 años), la obesidad, la hipertensión o antecedentes de pólipos o miomas.
Para elegir el tratamiento más efectivo hay que estudiar diversos factores como el tamaño o los síntomas, ya que no siempre es necesario extirparlos. En algunos casos, especialmente cuando los pólipos son pequeños y asintomáticos, el especialista puede optar por una vigilancia periódica, ya que algunos pueden reducir su tamaño o desaparecer espontáneamente.
No obstante, en la mayoría de los casos, el tratamiento más efectivo es la resección mediante histeroscopia, una intervención ambulatoria, mínimamente invasiva, que permite retirar el pólipo con precisión y conservar el útero en perfecto estado.
Tras la extracción, el tejido se envía al laboratorio para realizarle un estudio anatomopatológico y confirmar su naturaleza benigna.
Aunque no todos los pólipos interfieren con la capacidad reproductiva, su presencia puede poner en peligro la implantación del embrión o, incluso, aumentar el riesgo de aborto espontáneo. Por ello, en el caso de mujeres que están buscando un embarazo o que van a someterse a tratamientos de fertilidad, se recomienda valorar la extracción previa de los pólipos.