Por Dra. Llanos Medrano.
Se habla de prostatitis cuando se inflama la próstata, una glándula situada debajo de la vejiga que es responsable de producir parte del líquido seminal que nutre y transporta a los espermatozoides.
Existen múltiples factores que pueden poner en peligro la fertilidad del hombre. Entre ellos, la producción de espermatozoides, la calidad seminal, la función hormonal o un correcto funcionamiento de las glándulas accesorias, entre ellas la próstata. Muchos de ellos pasan desapercibidos, y otros ni siquiera se asocian como posibles causantes de la disminución de la capacidad de engendrar en los hombres.
Pero es habitual que surjan dudas en casos de prostatitis, ya que esta alteración puede provocar cambios en la calidad seminal y, en algunos casos, complicar la consecución del embarazo.
La próstata tiene un papel fundamental en la fertilidad masculina, ya que el líquido prostático contribuye al equilibrio del pH seminal y a la protección de los espermatozoides, y cuando esta función se altera se puede ver afectada la calidad del semen.
Pueden variar en función del tipo de prostatitis que se haya producido, pero los más frecuentes son dolor o molestias en la zona pélvica o perineal, escozor al orinar, un aumento de la frecuencia urinaria, dolor durante la eyaculación y sensación de presión o pesadez en la zona genital.
Si nos encontramos con casos más agudos, de origen bacteriano, puede incluso aparecer fiebre y malestar general. Por eso es importante consultar con un especialista si se detectan algunos de estos síntomas.
Desde el punto de vista clínico, la prostatitis se clasifica en cuatro grandes categorías:
Cuando la prostatitis tiene un origen bacteriano, está causada por infecciones, generalmente por microorganismos que ascienden desde la uretra. Sin embargo, las que no tienen origen bacteriano pueden deberse a múltiples factores y pueden estar relacionadas con procesos inflamatorios, alteraciones inmunológicas o factores funcionales.

Todo dependerá del tipo y la gravedad del cuadro. Normalmente, una prostatitis tratada de forma correcta no deriva en una dificultad para poder tener hijos. No obstante, si se trata de una inflamación persistente puede afectar de una manera importante a la composición del líquido seminal y, por tanto, influir en la fertilidad del hombre.
Por otro lado, esta inflamación puede modificar también el pH del semen, aumentar la presencia de leucocitos (leucocitospermia) y generar un entorno con mayor estrés oxidativo, lo que afecta a la movilidad y la integridad del ADN espermático.
En cuanto a la posibilidad de que cause esterilidad irreversible, rara vez ocurre. Eso sí, si la infección es crónica y no se trata de manera adecuada, puede generar alteraciones en la calidad del semen que hagan más difícil la fecundación. En algunos casos, la inflamación mantenida puede afectar a estructuras cercanas como las vesículas seminales o el epidídimo, lo que sí podría tener un impacto más significativo sobre la espermatogénesis o la capacidad de transporte espermático.

Calcular el impacto que ha podido tener la prostatitis en la fertilidad es muy importante cuando existe una búsqueda activa de embarazo. Para saberlo, la prueba más extendida es el seminograma completo, para valorar la concentración, movilidad y morfología de los espermatozoides.
También se pueden hacer pruebas más específicas como el estudio de la fragmentación del ADN espermático, el cultivo seminal para descartar infecciones persistentes o una valoración urológica y ecográfica.
En reproducción asistida, estos parámetros permiten determinar si la alteración es leve y puede intentarse embarazo natural o si conviene recurrir a técnicas como la inseminación artificial o la fecundación in vitro (FIV), especialmente mediante inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), que selecciona espermatozoides viables incluso cuando la calidad global es muy poca.
Cuando la fertilidad se ve afectada, tratar la causa subyacente suele mejorar los parámetros seminales en los meses posteriores. El ciclo de producción espermática dura aproximadamente 74 días, por lo que las mejoras no son inmediatas.