Por Dra. Victoria Verdú (Ginecóloga colegiada N.º 282847366).
Cada vez se retrasa más el momento de tener hijos. En España, la edad media de las mujeres para tener el primer hijo fue de 33,4 años en 2024, una cifra que aumenta cada año. Entre los factores que explican esta situación está la estabilidad en el mercado laboral o la falta de una pareja estable, pero esto supone un riesgo cada vez mayor para la fertilidad.
El problema es que a lo largo de este camino las mujeres se encuentran con una etapa clave del ciclo reproductivo femenino: la perimenopausia. Pero, ¿qué implica esta fase? ¿Es aún posible concebir de forma natural o mediante tratamientos de fertilidad?
No hay que confundir la premenopausia con la perimenopausia. La primera es el periodo inicial de la transición hacia la menopausia, un momento en el que todavía no hay cambios significativos en el cuerpo de la mujer, aunque ya pueden empezar a aparecer los primeros síntomas. La perimenopausia, por su parte, se refiere a la fase más cercana a la menopausia, con cambios hormonales más evidentes que afectan al ciclo menstrual y, por tanto, a la fertilidad.
Esta fase puede comenzar varios años antes (entre los 40 y los 45 años) de la menopausia definitiva, que se diagnostica después de 12 meses seguidos sin menstruación.
Cada cuerpo es diferente, y depende siempre de múltiples factores, como el estilo de vida o factores genéticos, pero entre los más comunes se encuentran:
Otras mujeres pueden experimentar también alteraciones en los ciclos de sueño y sequedad vaginal. Estos síntomas se deben, principalmente, al aumento de la hormona FSH o a bajadas del estrógeno. Además, durante la perimenopausia, el estrógeno, la principal hormona femenina del cuerpo, aumenta y disminuye.
Aunque el cuerpo empieza a experimentar diferentes cambios, es posible conseguir un embarazo. La fertilidad, por supuesto, disminuye de forma natural con la edad, pero durante la perimenopausia aún pueden producirse algunas ovulaciones, aunque sean irregulares. Esto se traduce en que, mientras la mujer siga menstruando, puede existir una posibilidad de embarazo.
Eso sí, hay que tener en cuenta que las probabilidades de conseguirlo de forma natural son bastante menores que a edades más tempranas, ya que la calidad y la cantidad de los óvulos disminuyen con el paso del tiempo.
En estos casos, la reproducción asistida puede ayudar a conseguir el embarazo. Técnicas como la fecundación in vitro (FIV), la estimulación ovárica o la utilización de óvulos donados permiten aumentar las probabilidades de éxito, especialmente cuando la reserva ovárica es baja o la calidad de los óvulos no permite que se produzca el embarazo.
La perimenopausia, por tanto, no significa el fin inmediato de la fertilidad, pero sí marca un punto de inflexión en la capacidad reproductiva de la mujer.

Uno de los factores más determinantes en la capacidad reproductiva femenina es la calidad ovocitaria. Con el paso de los años los óvulos envejecen, y esto se traduce en una mayor probabilidad de anomalías genéticas y fallos en la fecundación o la implantación del embrión.
En la perimenopausia, no solo se reduce el número de óvulos disponibles, sino que también se altera la regularidad de la ovulación, dificultando la planificación de un embarazo, incluso en mujeres sin problemas previos de fertilidad.
Los avances en medicina reproductiva permiten ofrecer soluciones a mujeres que quieren ser madres en esta etapa de su vida. Entre los tratamientos más habituales destacan:
En IVF-Life, el equipo de expertos estudia cada caso de forma individual con el objetivo de encontrar el tratamiento más adecuado en función de diferentes parámetros como la reserva ovárica de la mujer, su estado hormonal o los antecedentes clínicos de la paciente.
La edad es también aquí un factor muy determinante que se debe tener muy en cuenta. A partir de los 40 años, un embarazo (sea natural o por reproducción asistida), conlleva ciertos riesgos tanto para la madre como para el futuro bebé. Por esta razón, es importante llevar un control más exhaustivo del embarazo.
En edades avanzadas, existe una mayor probabilidad de que haya abortos espontáneos, más riesgo de hipertensión y diabetes, partos prematuros o complicados e, incluso, más incidencia de anomalías cromosómicas en el feto.
Por esta razón, es fundamental que cualquier embarazo en esta etapa esté acompañado de un control médico riguroso y personalizado, tanto durante el proceso de concepción como en el seguimiento prenatal.