Por Dra. Elisa Pérez (Ginecóloga colegiada - 203311163).
La fertilidad humana nunca ha sido especialmente eficiente, pero el contexto actual la ha puesto aún más a prueba. Cada vez se retrasa más la edad de la maternidad y la paternidad, vivimos más expuestos a tóxicos ambientales y llevamos estilos de vida que, sin darnos cuenta, influyen directamente en nuestra capacidad reproductiva.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS), estima que 1 de cada 6 parejas presenta dificultades reproductivas, una cifra que no deja de crecer. Evidentemente, son y pueden ser muchos los factores que influyan en una posible infertilidad, y entre ellas se encuentra la alimentación. La doctora Elisa Pérez, directora médica de IVF-Life Donostia, ha ofrecido una charla sobre este tema en el GOe – Gastronomy Open Ecosystem de Donostia. En ella, ofreció varias claves para mejorar las posibilidades de conseguir un embarazo y analizó el estado de la fertilidad actual.
Si miramos atrás, el cambio es evidente. En los años 60, la edad media de la mujer al tener su primer hijo rondaba los 25 años, pero hoy supera los 32, algo que obedece a diferentes cambios sociales como la incorporación de la mujer al mercado laboral, la búsqueda de estabilidad económica, la dificultad para encontrar una pareja estable o la falta de conciliación.
A esto se suma un dato que también es preocupante, y es que una de cada tres mujeres cree que puede quedarse embarazada de forma natural hasta los 45 años o más, una percepción que no siempre se corresponde con la realidad biológica. Las mujeres nacen con aproximadamente dos millones de óvulos, que van perdiendo en cada menstruación. Por tanto, con el paso de los años no solo disminuye la cantidad, sino también la calidad ovocitaria. En paralelo, los estudios muestran una disminución de hasta el 35 % en la calidad seminal en las últimas décadas, lo que confirma que la fertilidad es cosa de dos.

Cada vez hay más evidencia científica de que los hábitos de vida y la alimentación influyen en la función reproductiva. Dietas ricas en grasas saturadas, azúcares refinados y productos ultraprocesados pueden favorecer procesos inflamatorios y aumentar el estrés oxidativo, un enemigo directo de óvulos y espermatozoides.
Además, el exceso de peso también juega un papel importante, ya que un índice de masa corporal elevado se asocia a una peor calidad ovocitaria y peores resultados reproductivos. Pero no solo importa el peso, sino también la distribución de la grasa corporal. Además, determinados micronutrientes resultan esenciales para la fertilidad:
No obstante, es importante remarcar que no se trata de suplementar sin control, sino de mantener una alimentación variada, equilibrada y adaptada a cada persona.
Más allá de lo que comemos, importa cómo se produce, envasa y conserva. Los disruptores endocrinos son sustancias químicas capaces de interferir con nuestro sistema hormonal. Están presentes en plásticos, cosméticos, pesticidas, productos de higiene o contaminantes industriales, y su exposición es constante.
Compuestos como el bisfenol A (BPA), los ftalatos o los parabenos pueden afectar a la ovulación, la calidad de los óvulos, el ciclo menstrual o la implantación embrionaria. En el hombre, por su parte, se asocian a alteraciones en la espermatogénesis y al daño del ADN espermático. Su efecto es acumulativo y especialmente crítico durante la etapa prenatal y la infancia.
Reducir su impacto pasa por pequeños gestos cotidianos, como evitar calentar alimentos en envases plásticos, priorizar productos frescos, elegir cosmética más segura o reducir el consumo de alimentos ultraprocesados.

En los últimos años, la microbiota intestinal ha cobrado protagonismo como mediadora entre la dieta, el ambiente, las hormonas y la fertilidad. Un desequilibrio en esta flora bacteriana puede influir en procesos inflamatorios, metabólicos y hormonales que afectan tanto a la función ovárica como a la calidad seminal.
Por eso, cuidar la microbiota implica apostar por una alimentación rica en fibra, frutas, verduras, legumbres y alimentos fermentados, además de evitar el abuso de alcohol y azúcares.
A pesar de llevar un estilo de vida saludable, hay situaciones en las que el embarazo no se consigue de forma espontánea. En estos casos, las técnicas de reproducción asistida ofrecen soluciones personalizadas con tratamientos que van desde la inseminación artificial hasta la fecundación in vitro, con óvulos propios o de donante.
Actualmente, el 12% de los nacidos en España procede de técnicas de reproducción asistida, un dato que refleja tanto la magnitud del problema como la eficacia de los tratamientos disponibles.
Además, los estudios genéticos embrionarios permiten identificar embriones cromosómicamente normales y evitar la transmisión de enfermedades hereditarias conocidas, aumentando las tasas de éxito y reduciendo el número de intentos necesarios.