Por Dr. Pedro Royo Manero (Ginecólogo colegiado - 312203918).
Cuando hablamos de disruptores endocrinos u hormonales nos referimos a una serie de sustancias químicas que son externas al organismo y que pueden interferir con el sistema endocrino, imitando, bloqueando o modificando la acción de nuestras hormonas. De esta forma, se pueden alterar procesos clave como la ovulación, la producción de espermatozoides o la implantación embrionaria.
Últimamente ha crecido la preocupación por el impacto que pueden tener determinados compuestos químicos sobre la salud de las personas. Se conocen como disruptores endocrinos, y son unas sustancias que pueden alterar el equilibrio hormonal del organismo. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que pueden, incluso, influir en múltiples funciones biológicas, entre ellas la fertilidad.
Entre los más conocidos se encuentran los plaguicidas y pesticidas que se utilizan en la agricultura; el bisfenol (BPA), que está presente en algunos plásticos y resinas; los ftalatos, utilizados para dar flexibilidad a plásticos y presentes en envases, suelos vinílicos o productos cosméticos; los parabenos, conservantes que se utilizan habitualmente en productos de higiene y cosmética; y otras sustancias industriales como las dioxinas o los policlorobifenilos (PCB).
Todos estos compuestos pueden encontrarse en el agua, en los alimentos, en envases, en productos de limpieza e incluso en el polvo doméstico. Por esta razón, la exposición suele ser crónica y a bajas dosis, lo que hace más difícil que podamos percibir su impacto de forma inmediata.
El sistema reproductor es especialmente sensible a los cambios hormonales. Por eso, cualquier alteración en el equilibrio endocrino puede suponer un estrés para la fertilidad tanto de hombres como de mujeres.
En el caso de ellas, pueden provocar alteraciones del ciclo menstrual, problemas de ovulación, disminución de la reserva ovárica, mayor riesgo de endometriosis o dificultades en la implantación embrionaria. Algunos estudios relacionan también la exposición prolongada a ciertos disruptores con una peor calidad de los óvulos o con un mayor riesgo de aborto temprano.
En los hombres, sin embargo, estas sustancias pueden disminuir el número de espermatozoides, alterar su movilidad y morfología o provocar cambios en los niveles de testosterona. De hecho, en las últimas décadas se ha observado un descenso de la calidad seminal en distintos países industrializados, algo que se ha señalado como una de las razones para la regulación de estas sustancias.
El plástico de los envases puede provocar cambios hormonales
Es imposible evitar por completo el contacto con estos disruptores endocrinos, aunque sí que se pueden adoptar medidas para reducirlo al máximo. Algunas de estas medidas son:
Todo esto son recomendaciones que se pueden aplicar de forma sencilla en nuestro día a día. Llevarlas a cabo reducirá la exposición, pero son especialmente importantes en el caso de personas que están buscando un embarazo o que van a iniciar un tratamiento de reproducción asistida.
Más que prevenir los posibles efectos que pueda tener sobre la fertilidad de hombres y mujeres, se puede minimizar al máximo el riesgo para la salud. La clave está en reducir la exposición antes y durante la búsqueda de un embarazo. De esta forma, se evitan los posibles efectos nocivos en la salud reproductiva.
De forma general, es muy recomendable también mantener un estilo de vida saludable, con una alimentación equilibrada, realizando ejercicio de forma regular y manteniendo un peso adecuado, además de evitar el tabaco, que actúa como potenciador del daño oxidativo y realizar estudios de fertilidad si el embarazo no llega después de varios meses de búsqueda sin resultados (6 meses cuando la mujer es mayor de 35 años y un año si es más joven).
Además, en clínicas de reproducción asistida como IVF-Life se puede valorar la calidad ovocitaria y espermática mediante pruebas específicas, como la hormona antimülleriana (AMH) o el estudio de fragmentación del ADN espermático, lo que permite individualizar estrategias terapéuticas que ayudan a maximizar las posibilidades de conseguir un embarazo.
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