En septiembre se celebra el Mes de Concienciación sobre el Síndrome del Ovario Poliquístico (SOP), una de las enfermedades endocrinas más comunes entre mujeres en edad fértil que puede llegar a suponer un problema para conseguir un embarazo. Afecta a entre el 6% y el 13% de las mujeres en edad reproductiva, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, el desconocimiento generalizado sobre sus síntomas y su impacto en la salud ginecológica y reproductiva hace que, en muchas ocasiones, no se detecte a tiempo.
A pesar de que tiene una gran prevalencia en la sociedad, se estima que hasta un 70% de las mujeres que lo padecen no están diagnosticadas y, por tanto, no son conscientes de los riesgos que tiene para su fertilidad. De hecho, es común que se diagnostique precisamente cuando comienza la búsqueda del embarazo y éste no se produce.
En este sentido, muchas mujeres conviven diariamente con síntomas como reglas irregulares, acné, exceso de vello o dificultad para quedarse embarazadas sin saber que pueden tener SOP. De ahí la importancia de una detección precoz para poder establecer un tratamiento adecuado que pueda ayudar a preservar la salud reproductiva de las mujeres que lo padecen.

El diagnóstico del síndrome del ovario poliquístico suele ser complejo debido a que sus manifestaciones clínicas son muy variables y pueden superponerse con otros trastornos endocrinos. Pero, en general, se basa en la presencia de, al menos, dos de tres indicadores clínicos:
Cuando hablamos de ovarios “poliquísticos” no nos referimos a quistes en el sentido habitual, sino a una acumulación de folículos que no llegan a ovular. Por tanto, el diagnóstico de esta patología requiere un enfoque multidisciplinar que combina ginecología, endocrinología, nutrición y psicología. En algunos casos, cambios en el estilo de vida, como la pérdida de peso o una dieta equilibrada, pueden mejorar significativamente los síntomas.
Hay que remarcar que no todas las mujeres con ovarios poliquísticos tienen problemas de fertilidad. En muchos casos, los tratamientos hormonales permiten restablecer un funcionamiento ovárico normal. Sin embargo, cuando hablamos del síndrome como tal, con un desajuste hormonal más severo, el impacto sobre la ovulación puede ser mucho mayor.
No obstante, cada paciente es diferente. Hay mujeres con SOP que consiguen quedarse embarazadas de forma natural, pero otras requieren un tratamiento personalizado. Lo importante es que se identifique el problema cuanto antes y, si es necesario, se establezca un tratamiento.
Cuando los métodos convencionales para inducir la ovulación, como el uso de clomifeno o letrozol, no resultan efectivos, la reproducción asistida puede ayudar a conseguir el embarazo. Técnicas como la fecundación in vitro (FIV) pueden ayudar a superar las barreras ovulatorias y mejorar las tasas de embarazo en estas pacientes.
El manejo de la reproducción asistida en mujeres con SOP debe abordarse con mucho cuidado para evitar complicaciones y lograr los mejores resultados posibles. Estas pacientes tienen un mayor riesgo de desarrollar síndrome de hiperestimulación ovárica (SHO), una reacción que puede ser grave y que está relacionada con los medicamentos hormonales usados en tratamientos como la FIV.
Por eso, es muy importante hacer un seguimiento muy cercano durante los ciclos de estimulación y ajustar las dosis de los fármacos según la respuesta individual de cada paciente. Además, cambios en el estilo de vida, como bajar de peso y controlar aspectos metabólicos, pueden ayudar mucho a mejorar cómo responden al tratamiento y aumentar las tasas de éxito.