Rebeca Fernández, Mario Fernández, Sara Puerta, Llanos Medrano, María Velasco
Con esta investigación los profesionales de IVF-Life han querido profundizar en los factores que propician la aparición de aneuploidías, además de en las repercusiones que tiene en la fertilidad y en los procesos de medicina reproductiva el índice de masa corporal (IMC).
De este modo, el último estudio científico llevado a cabo en nuestros centros se ha centrado en aclarar si entre estos dos conceptos existe alguna relación.
El IMC es un indicador que se utiliza para evaluar si una persona presenta normopeso o si tiene uno inferior o superior al considerado saludable por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cual se da cuando el rango de índice de masa corporal se encuentra entre 18,50 y 24,99.
Para calcular el IMC es necesario establecer una relación entre el peso y la estatura de un individuo, aplicando la siguiente fórmula: IMC = Peso (kg) / Altura² (m²). El hecho de no tener un peso idóneo puede repercutir negativamente a la fertilidad, al igual que al pronóstico de los tratamientos de reproducción asistida que se pueda recomendar realizar.
Si bien las implicaciones del índice de masa corporal en este contexto se han estudiado a lo largo de los años, esclareciendo, por ejemplo, su relación con la disminución de la tasa de ovocitos recuperados o con el imperativo aumento de días de estimulación ovárica, hasta la fecha no se han recogido en la literatura científica un número importante de textos que hablen de la posible relación entre el IMC y las aneuploidías que puede presentar un embrión.
Cuando se habla de aneuploidías embrionarias, se hace referencia a las alteraciones que se pueden dar en el contenido cromosómico de los embriones, las cuales se pueden detectar mediante una técnica denominada diagnóstico genético preimplantacional para aneuploidías (PGT-A por sus siglas en inglés).
Este procedimiento se basa en el análisis de la biopsia de un embrión en estadio de blastocisto, más concretamente de las células del trofoectodermo, que es la parte que dará lugar más adelante a la placenta.
Como muestra de la investigación se ha contado con 889 embriones provenientes de ciclos de Fecundación in vitro con óvulos propios que habían sido analizados con las técnicas de diagnóstico recién mencionadas. Asimismo, se agruparon en diferentes categorías basándose en dos factores, siendo el primero los índices de masa corporal de las pacientes y el segundo la edad de estas. Esto último se ha considerado objeto de estudio por el hecho de que cuantos más años tenga una mujer, más alta es la probabilidad de que se den anomalías cromosómicas en sus embriones.
Tras llevar a cabo nuestro estudio retrospectivo se observó que no había diferencias significativas en el grupo general respecto al porcentaje de embriones aneuploides. Lo mismo ocurrió en la segmentación por edad, donde los datos de las pacientes en la mayoría de los grupos tampoco mostraron una disparidad notoria.
Las conclusiones finales de la investigación indican, no obstante, que, a pesar de no haberse dado ningún pico relevante en los grupos mencionados, sí cabe destacar el aumento en la tasa de aneuploidía en las mujeres menores de 35 años y mayores de 39 que contaban con un índice de masa corporal menor a 22,1 -cosa que no sucede en los grupos de entre 35 y 38 años de edad-.
De acuerdo con Rebeca Fernández y María Velasco, Codirectoras y Biólogas del Laboratorio de IVF-Life Donostia, estos datos animarían a promover la investigación de, en este caso, el pronóstico reproductivo de las mujeres con menor peso cuyos gametos al fertilizarse han acabado por dar lugar a embriones aneuploides en sus tratamientos y, a nivel general, poder seguir indagando en la relación global entre el IMC y las alteraciones cromosómicas.