Por Álvaro Díez Álvarez (Ginecólogo colegiado - 282865580).
Se trata de una complicación que puede aparecer con la estimulación ovárica, pero es importante distinguirlo de una respuesta ovárica alta, ya que una paciente puede desarrollar muchos folículos u obtener un número elevado de ovocitos y no llegar a presentar este síndrome. Para hablar de hiperestimulación ovárica deben aparecer también determinados síntomas y alteraciones clínicas.
Cuando se produce el SHO, los ovarios aumentan de tamaño y se produce un incremento de la permeabilidad de los vasos sanguíneos. Una de las moléculas implicadas en este proceso es el factor de crecimiento endotelial vascular, conocido como VEGF. La actividad de esta molécula aumenta en respuesta a factores como la hormona hCG y favorece que parte del líquido que normalmente se encuentra dentro de los vasos sanguíneos pase hacia otros espacios del organismo, especialmente hacia la cavidad abdominal.
Y es por este desplazamiento de líquido que se producen los síntomas del síndrome. Aunque podría llegar a ser una complicación importante, las estrategias actuales de estimulación ovárica nos permiten identificar a las pacientes con mayor riesgo y adaptar el tratamiento para reducir considerablemente la posibilidad de que aparezca un cuadro grave. De hecho, tanto la ESHRE (European Society of Human Reproduction and Embryology) como la ASRM (American Society for Reproductive Medicine) incluyen entre sus recomendaciones diferentes medidas destinadas específicamente a prevenirlo.
Según el momento en el que aparecen los síntomas, se suele diferenciar entre una hiperestimulación temprana y otra tardía:
En casos de pacientes con riesgo elevado, se pueden aplicar estrategias preventivas como la congelación de embriones y la transferencia en diferido. Así, al evitar el embarazo en ese mismo ciclo, se reduce el riesgo de una hiperestimulación de aparición tardía.
Depende de la intensidad del síndrome. En cuadros leves puede existir alguna sensación de distensión abdominal, molestias o náuseas. Y cuando aumenta la acumulación de líquido puede aparecer un dolor abdominal más intenso e incluso vómitos.
No obstante, es importante recordar que la aparición de algunas molestias abdominales después de una punción ovárica no significa necesariamente que exista una hiperestimulación. Por esta razón, hay que valorar los síntomas teniendo en cuenta su intensidad, su evolución y el resto de los hallazgos clínicos.
Grado | Manifestaciones habituales |
Leve | Distensión abdominal, molestias o dolor abdominal leve y náuseas. |
Moderado | Mayor distensión abdominal, dolor, náuseas o vómitos y acumulación de líquido en el abdomen. |
Grave | Ascitis importante, disminución de la cantidad de orina, deshidratación, alteraciones sanguíneas o renales y, en algunos casos, dificultad respiratoria. |

Aunque existe la posibilidad de que se produzca, la realidad es que la mayoría de las hiperestimulaciones no evolucionan hacia una forma grave. Sin embargo, cuando la salida de líquido de los vasos sanguíneos es importante, puede producirse una acumulación considerable de líquido en el abdomen (algo que se conoce como ascitis) y una reducción del volumen circulante efectivo.
Si esto ocurre, la sangre puede concentrarse, disminuir la cantidad de orina producida por los riñones y aparecer alteraciones de los electrolitos. Además, si también se acumula líquido alrededor de los pulmones, la paciente puede presentar dificultad para respirar.
En los cuadros más importantes aumenta también el riesgo de desarrollar un tromboembolismo, es decir, la formación de un coágulo que puede afectar a las venas de las piernas o a los pulmones.
El tratamiento dependerá de la gravedad, aunque no existe un medicamento que haga desaparecer inmediatamente el síndrome una vez desarrollado, por lo que el objetivo será controlar los síntomas, mantener un equilibrio adecuado de líquidos y prevenir posibles complicaciones mientras el organismo se recupera.
En los casos leves es suficiente realizar un seguimiento ambulatorio, manteniendo una hidratación adecuada según las indicaciones del equipo médico y controlando la evolución de los síntomas. En el caso de cuadros moderados puede ser necesario realizar ecografías y análisis de sangre para comprobar la cantidad de líquido acumulado, el grado de concentración sanguínea, los electrolitos y la función de los riñones.
Y los casos graves pueden requerir ingreso hospitalario. En estos casos, el tratamiento puede incluir administración intravenosa de líquidos, medicación para controlar las náuseas o el dolor y medidas para reducir el riesgo de trombosis.
Cuando no existe embarazo, los síntomas suelen mejorar progresivamente al disminuir la actividad hormonal de los ovarios, pero si se ha producido una gestación, la hCG generada durante las primeras semanas puede hacer que el síndrome tarde más tiempo en desaparecer.
Muchos tratamientos de reproducción asistida requieren la estimulación ovárica de la mujer como parte del proceso, con el objetivo de conseguir que varios folículos se desarrollen al mismo tiempo para poder obtener el mayor número de ovocitos. Para conseguirlo, hay que administrar medicación hormonal y realizar ecografías para controlar cómo están respondiendo los ovarios.
En algunas pacientes, sin embargo, la respuesta de los ovarios puede ser mayor de la esperada. Cuando esta respuesta provoca una serie de alteraciones en el organismo aparece lo que conocemos como síndrome de hiperestimulación ovárica (SHO).
La prevención es una parte fundamental del manejo del síndrome de hiperestimulación ovárica. Para reducir el riesgo, es importante identificar a las pacientes con una posible respuesta ovárica alta y adaptar el tratamiento a sus características. Entre las principales medidas preventivas se encuentran:
Por tanto, una respuesta ovárica elevada no significa necesariamente que vaya a producirse un SHO ni que el tratamiento tenga que cancelarse. La personalización del tratamiento y un seguimiento adecuado permiten reducir de forma importante este riesgo y priorizar la seguridad de la paciente.
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