Por Dr. José Manuel Gómez Santana (Ginecólogo colegiado - 030309086).
Muchas mujeres diagnosticadas con esta condición buscan quedarse embarazadas, pero la respuesta de si es posible o no conseguirlo dependerá siempre del grado de afectación. En los casos leves, la restauración de la cavidad uterina permite recuperar la fertilidad y lograr embarazos con éxito, pero cuando las adherencias son más severas, la probabilidad disminuye y puede ser necesario recurrir a técnicas de reproducción asistida.
En estos casos, será necesario estudiar con detenimiento el estado de cada paciente, aunque lo cierto es que, gracias a los avances médicos, cada vez más mujeres con síndrome de Asherman consiguen un embarazo. A pesar de ser un trastorno poco frecuente, la concienciación sobre su existencia resulta fundamental para un diagnóstico temprano y un abordaje adecuado. Detectarlo a tiempo no solo mejora las posibilidades de embarazo, sino que también contribuye a preservar la salud uterina a largo plazo.
No es uno de los problemas ginecológicos más conocidos, pero sí es una condición que cada vez preocupa más en el ámbito de la salud reproductiva de la mujer. El síndrome de Asherman es una alteración del útero que puede provocar una disminución parcial o total del espacio interno, lo que puede conllevar problemas para conseguir un embarazo.
A pesar de ser un trastorno poco frecuente, la concienciación sobre su existencia resulta fundamental para un diagnóstico temprano y un abordaje adecuado. Detectarlo a tiempo no solo mejora las posibilidades de embarazo, sino que también contribuye a preservar la salud uterina a largo plazo.
Recibe su nombre del ginecólogo Josef Asherman, que fue el primero en describir esta condición en el año 1948. Se caracteriza fundamentalmente por la presencia de adherencias o cicatrices en la cavidad uterina que provocan la disminución parcial o total del espacio interno. El problema de esta condición es que muchas veces pasa desapercibida durante años, y solo se descubre, precisamente, cuando la mujer busca un embarazo y tiene problemas para conseguirlo.

Entre las causas más habituales del síndrome de Asherman nos encontramos con:
Cuando se llevan a cabo estas operaciones puede producirse una lesión o destrucción de la capa basal del endometrio, lo que favorece la formación de adherencias intrauterinas. Estas adherencias, también llamadas sinequias, pueden alterar la cavidad, dificultar la implantación del embrión y ocasionar problemas menstruales o de fertilidad.
Como ya hemos señalado, muchas mujeres conviven con este síndrome sin ser conscientes de ello, ya que no siempre sus síntomas son evidentes o preocupantes, lo que reduce la vigilancia y el cuidado.
Entre los síntomas más comunes se encuentran la disminución o ausencia del sangrado menstrual, conocida como hipomenorrea o amenorrea secundaria, o un dolor pélvico recurrente. Sin embargo, en muchas mujeres el síndrome no da ninguna señal de que existe y solo se detecta cuando se llevan a cabo estudios de fertilidad por problemas para conseguir el embarazo.
Para detectar el síndrome de Asherman es necesario realizar una histeroscopia, un procedimiento que permite observar el interior del útero de forma directa y poder valorar así el grado de adherencias.

El tratamiento se centra en eliminar las adherencias que se forman dentro de la cavidad uterina para restaurar la función del endometrio. De esta forma, se consigue mejorar la menstruación y la fertilidad. Se suele hacer a través de cirugía histeroscópica, que es el tratamiento de elección. Además, tras la cirugía, se pueden colocar dispositivos intrauterinos (DIU especiales) o sondas de Foley pequeñas para mantener separadas las paredes del útero mientras cicatriza y se suelen administrar estrógenos y, posteriormente, gestágenos para estimular la regeneración del endometrio y favorecer la cicatrización adecuada.