Por Dra. Isabel Herrera (Médica colegiada - 030310741).
La preeclampsia es una complicación del embarazo que aparece generalmente después de la semana 20 de gestación. Se caracteriza por hipertensión arterial y signos de daño en otros órganos, como los riñones, el hígado o el cerebro.
Uno de los indicadores principales es la presencia de proteínas en la orina (proteinuria), que refleja daño renal. También puede afectar al crecimiento del bebé y, si no se trata, poner en riesgo la vida de la madre y del feto.
Aunque la causa exacta de la preeclampsia no se conoce, los expertos creen que está relacionada con alteraciones en el desarrollo de los vasos sanguíneos de la placenta. Estos vasos podrían ser más estrechos de lo normal, dificultando el aporte de nutrientes y oxígeno al bebé.
Los factores de riesgo incluyen: hipertensión previa, diabetes, embarazos múltiples y antecedentes familiares de preeclampsia.

Los síntomas más frecuentes de la preeclampsia son:
Es fundamental consultar al médico ante cualquiera de estos síntomas, ya que la detección precoz puede evitar complicaciones graves.
Algunas mujeres tienen mayor predisposición a desarrollar preeclampsia. Los factores de riesgo incluyen:

El diagnóstico temprano es clave para una correcta gestión. Las pruebas más comunes incluyen:
Cifras iguales o superiores a 140/90 mmHg en dos mediciones separadas por al menos 4 horas.
El análisis de orina servirá para detectar la proteinuria.
Evalúan el funcionamiento del hígado y los riñones, así como el recuento de plaquetas.
Monitorizan el crecimiento y bienestar del bebé, incluyendo el peso y el líquido amniótico.
Valoran la frecuencia cardíaca del bebé y otros parámetros de su salud.
La preeclampsia no se puede prevenir completamente, pero es posible reducir el riesgo tomando ciertas medidas.
Tu médico valorará si necesitas un tratamiento preventivo específico, como bajas dosis de aspirina (según los protocolos actuales).
El único tratamiento definitivo para la preeclampsia es el parto, ya que la enfermedad desaparece tras el nacimiento del bebé. Sin embargo, el momento del parto dependerá de la gravedad de la preeclampsia y de la edad gestacional.
Si el embarazo está por debajo de las 37 semanas, se puede recomendar reposo, control frecuente y tratamiento farmacológico para manejar la presión arterial.
Puede ser necesario inducir el parto o realizar una cesárea si existe riesgo para la madre o el bebé.
En casos graves, se administran medicamentos como antihipertensivos y sulfato de magnesio para prevenir convulsiones (eclampsia). Algunas mujeres pueden requerir hospitalización para un control más cercano.
El seguimiento médico durante el embarazo es esencial para detectar signos tempranos de preeclampsia y proteger la salud de la madre y del bebé. Si tienes algún síntoma o preocupación, consulta con tu equipo médico de inmediato.