Por Dr. Oliver Pack (Médico colegiado - 030308944).
Aunque tradicionalmente se ha puesto el foco de atención sobre la mujer cuando se habla de reproducción, es muy importante remarcar que el hombre tiene un papel imprescindible en todo el proceso: aporta el 50% del material genético necesario para poder concebir.
En la reproducción asistida, la participación del hombre no siempre se produce de forma activa (como sucede, por ejemplo, con las parejas que buscan tratamiento por dificultades para concebir). En algunos casos, la participación es pasiva, lo que implica que el hombre contribuya con su material genético a través de la donación de semen. Esto es esencial para tratamientos de parejas en las que el hombre no puede aportar su propio material genético, como en casos de infertilidad masculina, o en parejas del mismo sexo.
El semen contiene los espermatozoides que serán necesarios para fecundar el óvulo de la mujer. En promedio, una eyaculación puede contener entre 30 millones y 1.000 millones de espermatozoides en total. Sin embargo, no todos los espermatozoides son igual de efectivos. De hecho, solo una pequeña cantidad llega al óvulo en el proceso de fecundación, si es que se da. La calidad del semen, incluyendo la motilidad (capacidad para moverse) y la morfología (forma de los espermatozoides), juegan un papel crucial en la fecundación.
El proceso de fecundación comienza cuando un espermatozoide viaja a través del cuello uterino y el útero hacia las trompas de Falopio, donde puede encontrar un óvulo. Una vez que el espermatozoide llega al óvulo, debe atravesar su capa externa, conocida como la zona pelúcida. Al hacerlo, se fusiona con la membrana del óvulo, liberando su material genético. Esta unión forma una célula única llamada cigoto, que contiene la combinación genética del óvulo y el espermatozoide, iniciando así el proceso de desarrollo embrionario.

Uno de los primeros pasos en un tratamiento de reproducción asistida es la realización de pruebas para evaluar la calidad del semen. Entre ellas, la más común es el espermograma o seminograma, un análisis que permite conocer la cantidad de espermatozoides, su motilidad y su morfología. Además, puede acompañarse con pruebas hormonales para medir los niveles de hormonas clave en la fertilidad masculina, como la testosterona y la FSH (hormona foliculoestimulante).
En algunos casos, también se realizan pruebas genéticas para detectar posibles alteraciones cromosómicas que puedan afectar la fertilidad o el futuro desarrollo del bebé.
Y, como hacen las mujeres con sus óvulos, existe la posibilidad de criopreservar el esperma, garantizando así la posibilidad de acceder a espermatozoides propios para futuros ciclos de reproducción asistida. Es común que se realice antes de tratamientos oncológicos que puedan afectar a la fertilidad masculina.
Si la calidad espermática es suficiente, el hombre puede participar activamente en el proceso de reproducción asistida a través de diferentes tratamientos. Entre ellos, la inseminación artificial (los espermatozoides del hombre se introducen directamente en el útero de la mujer para facilitar la fecundación); la fecundación in vitro (FIV-ICSI), utilizada en casos de baja motilidad o problemas con los espermatozoides (los espermatozoides se fecundan en el laboratorio y luego se transfiere el embrión al útero).
Cuando la calidad del semen es muy baja, permite la selección de un solo espermatozoide que se inyecta directamente en el óvulo para asegurar la fecundación.
Por último, en casos más extremos donde la calidad del esperma es inapropiada o inexistente, se puede recurrir a biopsia testicular para obtener los espermatozoides o incluso la donación de esperma.
Los futuros padres no solo tienen un papel genético durante todo el proceso de reproducción asistida, sino que, en muchas ocasiones, se posicionan como un apoyo emocional muy importante para las gestantes.
A menudo, la mujer pasa por múltiples procedimientos físicos y emocionales, pero el hombre también puede experimentar su propia carga de estrés, frustración y ansiedad. El tratamiento de fertilidad puede generar sentimientos de impotencia y preocupaciones sobre la virilidad y el papel que desempeña como futuro padre. Es importante que ambos miembros de la pareja se comuniquen abiertamente y se apoyen mutuamente.
Los hombres también deben ser conscientes de que la fertilidad masculina es tan importante como la femenina para el éxito del tratamiento. De hecho, se calcula que el factor masculino representa aproximadamente el 40% de los problemas de fertilidad en las parejas. Por eso es tan importante su estudio en cualquier tratamiento de reproducción asistida.
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