Por Dra. Isabel Herrera (Médica colegiada - 030310741).
El embarazo molar, también conocido como mola hidatiforme, es una complicación rara del embarazo caracterizada por el crecimiento anormal de las células que normalmente se convierten en la placenta. Este crecimiento anormal forma una masa o tumor benigno en el útero.
Hay dos tipos: benigna y maligna o coriocarcinoma. La benigna puede ser completa o parcial:
En este tipo, no hay tejido fetal presente. Se produce cuando un óvulo es fertilizado por un espermatozoide que duplica su material genético, resultando en un conjunto de cromosomas completamente paterno. No hay material genético materno.
En este caso, puede haber tejido fetal anormal junto con la placenta anormal. Suele ocurrir cuando dos espermatozoides fertilizan un solo óvulo, llevando a un exceso de material genético.

Este tipo de embarazos se producen por anomalías genéticas en la fecundación del óvulo, lo que provoca el crecimiento anormal del tejido placentario en lugar de un feto viable.
El embarazo molar completo ocurre cuando un espermatozoide fertiliza un óvulo sin material genético y duplica sus cromosomas o, en algunos casos, por dos espermatozoides con el mismo ADN paterno. Como resultado, el embrión no se desarrolla y solo crece tejido placentario anormal.
En el caso del embarazo molar parcial, un óvulo normal es fertilizado por dos espermatozoides en lugar de uno, lo que produce un embrión con un número anormal de cromosomas (69 en lugar de 46, llamado triploidía). Aunque puede formarse un embrión, suele tener graves anomalías y no puede sobrevivir.
El embarazo molar parcial puede dar lugar a un recién nacido. Aunque es una condición rara, en algunos casos se ha reportado la coexistencia de un feto vivo sano junto con una mola parcial. Sin embargo, estos embarazos están asociados con un alto riesgo de complicaciones tanto para la madre como para el feto, como preeclampsia y restricción del crecimiento intrauterino.
Un signo ecográfico característico es la imagen en "copos de nieve" en los ovarios. Puede aparecer también insuficiencia respiratoria.
Algunas mujeres tienen mayor probabilidad de desarrollar un embarazo molar, pero depende de diferentes factores:
Si tienes más dudas o antecedentes de embarazo molar, lo mejor es acudir a un especialista para orientación y un seguimiento adecuado de tu caso.
Los síntomas de un embarazo molar pueden parecerse a los de un embarazo normal al inicio, pero con el tiempo se vuelven más anormales. Algunos de los signos más comunes incluyen sangrado vaginal anormal (puede ser de color marrón oscuro), náuseas y vómitos intensos o crecimiento uterino acelerado (más rápido de lo esperado para la edad gestacional).
En este tipo de embarazos, además, se puede producir ausencia de latidos fetales, presión arterial alta y preeclampsia temprana, quistes ováricos y aumento del tamaño de los ovarios debido a los niveles elevados de hCG e hipertiroidismo.
Un embarazo molar suele detectarse en el primer trimestre, generalmente entre las semanas 8 y 14 de gestación. Para diagnosticarlo, una ecografía temprana puede mostrar la ausencia de embrión en la mola completa o anomalías graves en la mola parcial.

La hormona gonadotropina coriónica humana (hCG) también pueden mostrar que nos encontramos ante un embarazo molar. En estos casos, es mucho más alta de lo normal para la edad gestacional, lo que puede causar síntomas intensos como náuseas y vómitos severos. Además, el crecimiento uterino más rápido de lo esperado o el sangrado vaginal anormal pueden alertar al médico.
Muchas veces, el embarazo molar se detecta en la primera ecografía de rutina, incluso antes de que la mujer presente síntomas. Por eso, es importante realizar controles prenatales tempranos.
El tratamiento del embarazo molar generalmente implica la eliminación del tejido molar del útero, y el embarazo debe interrumpirse. Es necesario eliminar completamente el tejido anormal del útero y prevenir así complicaciones. Para ello, el tratamiento más utilizado es el legrado del útero.
En casos raros, se puede realizar una histerectomía si hay un mayor riesgo de desarrollar neoplasia trofoblástica gestacional y la paciente no desea futuros embarazos.
Después del tratamiento, se hacen controles semanales de la hormona hCG hasta que vuelva a niveles normales y se monitorea durante 6 meses a un año para asegurarse de que no haya recurrencia. En algunos casos, es necesario hacer controles ecográficos y radiografía de tórax de forma periódica, y se suele recomendar un anticonceptivo para no quedar embarazada mientras dura el seguimiento.
En casos graves de coriocarcinoma, el tratamiento será la extirpación de todo el tejido, incluso del útero, y quimioterapia.
En la mayoría de los casos, después de un embarazo molar, una mujer puede tener un embarazo normal en el futuro y no afecta a la fertilidad.
Sin embargo, hay algunos riesgos y consideraciones que se deben tener en cuenta. Una mujer que ha tenido un embarazo molar tiene entre un 1% y 2% de probabilidad de tener otro en embarazos futuros. Y si ha tenido dos embarazos molares previos, el riesgo aumenta a alrededor del 10-15%.
En este sentido, se recomienda esperar de 6 meses a 1 año antes de intentar concebir nuevamente, ya que esto permite asegurarse de que los niveles de hCG han vuelto a la normalidad y que no hay enfermedad trofoblástica persistente.