Por Dra. Elisa Pérez (Ginecóloga colegiada - 203311163).
En las últimas décadas, el número de embarazos en mujeres mayores de 40 años ha aumentado de forma significativa. En España, el 10,4 % de los partos registrados en 2024 correspondió a mujeres de 40 o más años, una cifra que hace apenas diez años se situaba en el 7,2 %.
Este cambio no es casual ni responde a una moda, sino a una transformación total de la sociedad. Muchas mujeres deciden posponer la maternidad por motivos tan legítimos como la formación académica, el desarrollo profesional, la estabilidad laboral y económica, o la asunción de puestos de alta responsabilidad. Pero retrasar la maternidad no significa bajo ningún concepto renunciar a ella, sino asumirla cuando se dan las circunstancias personales más adecuadas.
Hoy en día, llegar a los 40 años con buena salud, hábitos de vida cuidados y una mayor conciencia sobre el propio cuerpo es algo cada vez más habitual. Por eso, hablar de embarazo en la cuarentena ya no es hablar de una excepción, sino de una realidad plenamente integrada en nuestra sociedad.
Desde un punto de vista médico, un embarazo cuando ya se han cumplido los 40 años no es radicalmente distinto a uno en edades más tempranas, pero sí es cierto que requiere un seguimiento más estrecho. El cuerpo de la mujer puede responder de forma diferente a los cambios hormonales y fisiológicos propios de la gestación, y es habitual que exista una mayor atención a determinados parámetros desde las primeras semanas.
Muchas mujeres que han sido madres con esta edad describen que han sufrido una mayor sensación de cansancio, cambios más marcados en el descanso o una recuperación más lenta en algunos momentos del embarazo. Aun así, la experiencia es muy variable y depende más del estado de salud general que de la edad cronológica en sí.
El cuerpo, eso sí, puede necesitar más tiempo para adaptarse a los cambios propios del embarazo. La musculatura, el sistema cardiovascular y el metabolismo responden de forma distinta que a los 30, pero esto no impide llevar un embarazo completamente normal.
Por tanto, no se puede determinar que sea “peor” propiamente dicho. La principal diferencia está más relacionada con la reserva ovárica y la calidad de los óvulos, que disminuyen progresivamente con la edad (especialmente a partir de los 35 años). Esto influye sobre todo en la posibilidad de conseguir un embarazo, más que en el desarrollo del mismo una vez se ha conseguido. En este sentido, la preservación de óvulos antes de los 35 años (cada vez más extendida) puede ayudar a conseguir el embarazo en edades más tardías con ovocitos propios.
No hay que olvidar que los 40 de hoy no son los 40 de hace unas décadas. La mujer actual llega a esta etapa con mayor información, mejores hábitos de salud, más control médico y una implicación activa en su bienestar físico y emocional, lo que influye de forma muy positiva en el embarazo y en su evolución.

Es importante aclarar que la edad por sí sola no determina el riesgo del embarazo. En mujeres que parten de un buen estado de salud, sin patologías previas y con un seguimiento médico adecuado, el embarazo a partir de los 40 años no tiene por qué presentar más complicaciones que en edades más tempranas.
A partir de los 45 años, sí puede observarse un aumento algo mayor del riesgo de determinadas complicaciones, motivo por el cual el control médico es aún más individualizado. Aun así, cada caso debe valorarse de forma personalizada, evitando generalizaciones innecesarias.
El tiempo juega un papel clave en la fertilidad, y sobre todo en el caso de las mujeres. Por eso, si el embarazo no llega tras 6 meses de intentos, es recomendable no retrasar la consulta con especialistas en fertilidad. Las técnicas de reproducción asistida se convierten en estos casos en un aliado fundamental para poder conseguir el embarazo con tratamientos que se adaptan a cada caso: desde tratamientos de estimulación ovárica y fecundación in vitro, hasta el uso de ovodonación cuando la calidad ovocitaria no es suficiente para conseguirlo con óvulos propios.
Estas opciones no solo aumentan las probabilidades de conseguir un embarazo, sino que permiten personalizar el tratamiento y reducir tiempos, algo especialmente importante a partir de esta edad.
American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG).
Pregnancy at Age 35 Years or Older: ACOG Obstetric Care Consensus No. 11.
American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG).
2022;
Obstetrics & Gynecology. 140(2):348-366
Consenso clínico / Guía médica:
https://doi.org/10.1097/AOG.0000000000004873
Lean SC, Derricott H, Jones RL, Heazell AEP.
Advanced maternal age and adverse pregnancy outcomes: a systematic review and meta-analysis.
Public Library of Science (PLOS).
2017;
PLoS ONE. 12(10):e0186287
Revisión sistemática y metaanálisis (texto completo):
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5633629/
Steiner AZ, Jukic AMZ.
Impact of female age and nulligravidity on fecundity in an older reproductive age cohort.
American Society for Reproductive Medicine (ASRM).
2026;
Fertility and Sterility. 105(6):1584-1588.e1
Artículo científico (texto completo):
https://doi.org/10.1016/j.fertnstert.2016.02.028
Franasiak JM, Forman EJ, Hong KH.
The nature of aneuploidy with increasing age of the female partner: a review of 15,169 consecutive trophectoderm biopsies evaluated with comprehensive chromosomal screening.
American Society for Reproductive Medicine (ASRM).
2014;
Fertility and Sterility. 101(3):656-663.e1
Artículo científico (texto completo):
https://doi.org/10.1016/j.fertnstert.2013.11.004