Por Dr. Llanos Medrano.
La biopsia embrionaria consiste en extraer varias células de un embrión en desarrollo, sin dañarlo, para analizarlas genéticamente en el laboratorio. De este modo, se puede seleccionar el embrión que tenga mayores probabilidades de dar lugar a un embarazo.
Durante la biopsia embrionaria en IVF-Life tomamos unas 5 células del embrión en estadio de blastocisto (alrededor del día 5 o 6 tras la fecundación), que es cuando el embrión tiene entre 100 y 200 células.
La medicina reproductiva permite conseguir un embarazo cuando no es posible de forma natural. Y para hacerlo existen diferentes técnicas que, además, se pueden combinar con otras para aumentar las posibilidades de éxito. Pero eso depende de cada caso concreto.
La biopsia embrionaria, también conocida como biopsia del embrión, forma parte del diagnóstico genético preimplantacional (DGP) y es un procedimiento avanzado que permite analizar los embriones para detectar posibles alteraciones genéticas o cromosómicas.
La seguridad de las muestras es siempre una máxima en IVF-Life. Por eso, la biopsia embrionaria se lleva a cabo siempre en condiciones muy controladas, usando herramientas de alta precisión. Se hace una pequeña apertura en la membrana que rodea al embrión para extraer entre 3 y 10 células del trofoectodermo. El procedimiento lo realiza un embriólogo altamente capacitado y especializado.
Embrión después de la biopsia
Aunque es una técnica segura, como todo procedimiento médico, no está exenta de riesgos. Existe una pequeña posibilidad de que el embrión sufra daños durante la manipulación, aunque este riesgo es muy bajo cuando la biopsia la realiza personal experimentado. También es importante saber que no todos los embriones llegan al estadio de blastocisto ni todos toleran bien la biopsia y posterior congelación.
El objetivo es realizar un diagnóstico genético preimplantacional al embrión, una técnica que permite detectar anomalías cromosómicas o mutaciones genéticas que podrían provocar enfermedades hereditarias en la descendencia. Esto facilita la selección de embriones genéticamente sanos, aumentando las probabilidades de lograr un embarazo exitoso y disminuyendo el riesgo de aborto espontáneo.
No en todos los casos está recomendado llevar a cabo una biopsia embrionaria. Por ejemplo, en pacientes jóvenes con buen pronóstico y sin antecedentes familiares de enfermedades genéticas, o cuando el número de embriones disponibles es muy bajo.

Sin embargo, sí que se recomienda en:
Hay que tener en cuenta también que la edad materna influye directamente en la calidad genética de los embriones. Por eso, a partir de los 35 años, aumenta significativamente el riesgo de alteraciones cromosómicas. Por ejemplo, en mujeres mayores de 38 años, más del 50% de los embriones pueden presentar anomalías. La biopsia embrionaria permite identificar aquellos que sí son genéticamente normales, lo que mejora las probabilidades de éxito del tratamiento.