Durante una punción folicular, no todos los ovocitos recuperados presentan el mismo grado de maduración. Aunque la mayoría se encuentran en el estadio óptimo para ser fecundados, una parte de ellos todavía no ha completado este proceso y se encuentra en una fase conocida como metafase I o estadio MI.
Tradicionalmente, estos ovocitos inmaduros han sido considerados de escaso valor reproductivo y, en muchos casos, descartados durante el proceso de laboratorio. Sin embargo, algunos de ellos son capaces de completar su maduración de forma espontánea en el laboratorio antes de la microinyección espermática (ICSI), lo que plantea una pregunta cada vez más relevante en reproducción asistida: ¿merece la pena utilizarlos?
Tres investigaciones presentadas por profesionales de IVF-Life en el congreso anual de la European Society of Human Reproduction and Embryology (ESHRE) han tratado de responder a esta cuestión analizando el potencial reproductivo de estos ovocitos desde diferentes perspectivas.
El primero de los estudios, liderado por Alba Alarcón, embrióloga de IVF-Life Madrid, analizó más de 65.000 ovocitos procedentes de tratamientos de fecundación in vitro realizados entre 2019 y 2026, comparando aquellos que habían alcanzado la madurez de forma natural dentro del ovario con otros que completaron ese proceso posteriormente en el laboratorio.
Los resultados mostraron que los ovocitos que maduran in vitro presentan una menor capacidad para ser fecundados y una probabilidad significativamente inferior de desarrollarse hasta estadio de blastocisto. En otras palabras, desde un punto de vista estadístico, estos ovocitos poseen un potencial reproductivo menor que aquellos que ya eran maduros en el momento de la punción ovárica.
La segunda investigación, presentada como comunicación oral en el congreso por Clara Pérez de Blas, embrióloga de IVF-Life Madrid, y liderada también por Alba Alarcón, se centró en los embriones que sí consiguen desarrollarse a partir de estos ovocitos.

El análisis mostró que los blastocistos derivados de ovocitos que completan su maduración en el laboratorio alcanzan este estadio en tiempos similares a los embriones procedentes de ovocitos maduros desde el inicio del tratamiento. Sin embargo, sí se observaron algunas diferencias en sus características morfológicas. Estos embriones presentaban con mayor frecuencia estadios de expansión más tempranos y una calidad inferior en el trofoectodermo, la estructura celular que posteriormente dará lugar a la placenta.
Estos hallazgos sugieren que, aunque los embriones mantienen la capacidad de progresar hasta fases avanzadas del desarrollo, existen diferencias biológicas que deben tenerse en cuenta durante el proceso de selección embrionaria y el asesoramiento a las pacientes.
El tercer trabajo, nuevamente encabezado por Alba Alarcón, analizó la tasa de euploidía, es decir, la proporción de embriones con un número correcto de cromosomas, y comprobó que los blastocistos obtenidos a partir de ovocitos madurados en el laboratorio presentaban resultados muy similares a los derivados de ovocitos maduros desde la punción.
Esto significa que, aunque estos ovocitos tienen más dificultades para llegar a convertirse en embriones viables, aquellos que sí consiguen superar las primeras etapas del desarrollo mantienen una competencia cromosómica comparable.
Los resultados de estas investigaciones permiten rediseñar las estrategias que se han llevado a cabo en los últimos años. Los ovocitos inmaduros no ofrecen el mismo rendimiento que los ovocitos maduros obtenidos durante la punción y, por tanto, no pueden considerarse equivalentes desde el punto de vista reproductivo. Sin embargo, tampoco parecen ser ovocitos carentes de utilidad clínica.
De hecho, en determinadas situaciones, especialmente en pacientes con baja respuesta ovárica o en aquellos ciclos en los que se recupera un número limitado de ovocitos, aprovechar esta pequeña reserva adicional podría contribuir a aumentar el número total de embriones disponibles y, en consecuencia, las posibilidades acumuladas de conseguir un embarazo.
La medicina reproductiva avanza hacia tratamientos cada vez más personalizados y, en este contexto, conocer el verdadero potencial de cada ovocito permite tomar decisiones más precisas y ofrecer nuevas oportunidades a pacientes que, hasta hace relativamente poco tiempo, disponían de menos alternativas.