La investigación, de carácter retrospectivo, analizó 1.561 embriones cultivados en incubadoras con tecnología time-lapse
Un estudio de IVF-Life desvela que solo el 12 % de los embriones de desarrollo más lento fueron genéticamente normales, frente al 88 % de aquellos que habían llegado al estadio de blastocisto en cinco días.
Un estudio de IVF-Life ha revelado que los embriones que no alcanzan el estadio de blastocisto en el quinto día de desarrollo presentan una tasa significativamente más alta de aneuploidías, es decir, alteraciones en el número de cromosomas. Este hallazgo sugiere que la velocidad con la que se desarrolla un embrión podría estar directamente relacionada con su integridad genética.
El blastocisto en día 5 se considera un hito clave en los tratamientos de fecundación in vitro (FIV), ya que sugiere un mayor potencial de implantación. Sin embargo, hasta ahora no estaba claro si los embriones que se desarrollan más lentamente también presentan un mayor riesgo de sufrir alteraciones cromosómicas.
La investigación, de carácter retrospectivo, analizó 1.561 embriones cultivados en incubadoras con tecnología time-lapse y sometidos posteriormente a un análisis genético preimplantacional (PGT-A). Los embriones se dividieron en dos grupos: aquellos que no alcanzaron el estadio de blastocisto en el día 5 y los que sí lo hicieron.
Embrión en estadio de blastocisto
Los resultados mostraron que solo el 12 % de los embriones de desarrollo más lento eran genéticamente normales, frente al 88 % de aquellos que habían llegado al estadio de blastocisto en el plazo esperado. Esta diferencia se mantuvo incluso tras ajustar por factores del ovocito, como la edad, el origen (donante vs. paciente) y el estado (fresco vs. vitrificado).
Curiosamente, el tipo de aneuploidía detectada no varió significativamente entre los grupos. Es decir, aunque los embriones de desarrollo lento eran más propensos a presentar alteraciones cromosómicas, estas no diferían en su naturaleza. En particular, a pesar de que las monosomías y trisomías fueron las alteraciones más frecuentes en comparación con las segmentales o aneuploidías mixtas, estas diferencias no fueron estadísticamente significativas.
“Estos resultados nos ayudan a entender mejor la relación entre el ritmo del desarrollo embrionario y su integridad genética. Aunque un embrión de desarrollo lento puede seguir teniendo cierto potencial, es más probable que presente anomalías cromosómicas que comprometan su viabilidad”, explica Nuria Soler, una de las embriólogas que ha participado en el estudio.
Más allá de la relevancia científica, el hallazgo podría tener implicaciones prácticas para los laboratorios de reproducción asistida. En casos donde no se dispone de análisis genético, la morfocinética —es decir, la observación del desarrollo en tiempo real— podría ofrecer pistas adicionales para decidir qué embriones tienen más posibilidades de implantarse con éxito.