Por Dr. Oliver Pack (Médico colegiado - 030308944).
El varicocele es una dilatación de las venas que rodean el cordón espermático, una zona clave para el drenaje sanguíneo del testículo. Esta alteración es parecida a las varices que se producen en las piernas y, en la mayoría de los casos, afecta al lado izquierdo (debido a la disposición anatómica de los vasos sanguíneos), aunque puede darse también en el lado derecho o en ambos.
Esta patología es, precisamente, una de las causas más frecuentes de alteración de la fertilidad del hombre, ya que su presencia puede influir de forma directa en la calidad del esperma y, por tanto, en las posibilidades de conseguir un embarazo.
Por eso, entender qué es y cómo se detecta, puede suponer una gran diferencia para cualquier hombre que se encuentre en un proceso de búsqueda de descendencia.
Algunos hombres que lo padecen describen:
El desarrollo del varicocele suele ser lento y progresivo, y muchas veces pasa desapercibido hasta que el hombre realiza un estudio de su fertilidad. Y eso es así porque, en general no provoca un dolor intenso que alerte de que algo está ocurriendo.
La relación entre varicocele y fertilidad masculina se explica principalmente por el efecto que esta dilatación venosa tiene sobre el entorno testicular. Cuando aumenta la presión puede darse dificultad en el retorno venoso, elevando la temperatura del testículo y alterando tanto la producción como la maduración de los espermatozoides.

Todo esto afecta especialmente a parámetros como la concentración, la movilidad y la forma espermática, lo que reduce las probabilidades de fecundación. Sin embargo, cuando el varicocele es más severo, los cambios pueden ser más evidentes y afectar incluso a la integridad del ADN espermático. Por este motivo, una evaluación adecuada permite identificar si esta lesión está repercutiendo o no en la fertilidad.
Es importante dejar patente que no todos los varicoceles necesitan una intervención, pero cuando alteran la calidad seminal o generan un dolor persistente, es recomendable tratarlos para que desaparezcan. En caso de no hacerlo, pueden progresar y aumentar su impacto en la función testicular. Si bien no todos los varicoceles progresan, en los hombres más jóvenes, un varicocele que no se haya tratado puede, incluso, perjudicar al desarrollo del testículo afectado.
Y es que el varicocele puede tener un efecto importante en la calidad espermática, con un origen fisiológico muy claro. La elevación de la temperatura escrotal altera el ambiente necesario para que los espermatozoides se formen correctamente, lo que puede ralentizar la movilidad, reducir la concentración espermática o, incluso, incrementar la presencia de formas anómalas.
En algunos casos, la presencia de varicocele aumenta también el estrés oxidativo, un fenómeno que daña la estructura del ADN espermático y que reduce la capacidad de fecundación del óvulo. Sin embargo, cuando el varicocele se trata a tiempo, sobre todo en grados avanzados, estos parámetros pueden mejorar de forma muy evidente.
La corrección del varicocele suele llevarse a cabo mediante una intervención quirúrgica conocida como varicocelectomía, que consiste en ligar o cerrar las venas dilatadas para restablecer el flujo sanguíneo normal. Como ya hemos comentado, no todos los hombres necesitan operarse, pero la decisión depende del grado del varicocele, del dolor asociado y, sobre todo, de la alteración que presente el seminograma.
En los casos en los que afecta claramente a la fertilidad, la cirugía puede mejorar la calidad del esperma y aumentar las posibilidades de conseguir un embarazo, tanto de forma natural como a través de técnicas de reproducción asistida.
En casos en los que el embarazo no se consigue a pesar de la cirugía, o cuando no es recomendable intervenir por diferentes motivos, existen diversas opciones de reproducción asistida que permiten sortear las dificultades que genera el varicocele.
Técnicas como la fecundación in vitro (FIV) permiten seleccionar un único espermatozoide de mejor calidad para fecundar el óvulo, una intervención que puede ser decisiva para lograr la gestación. La elección de la técnica dependerá del estado del semen, de la edad de la pareja y de otros factores asociados que conviene evaluar de forma individualizada.