Por Dra. Victoria Verdú (Ginecóloga colegiada N.º 282847366).
Se considera menopausia precoz o prematura cuando desaparece la menstruación y,por ende, cesa la actividad reproductiva de una mujer antes de los 40 años. No es algo habitual, pero en España experimentan menopausia prematura alrededor del 1% de las mujeres, según datos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF).
Además de factores genéticos (especialmente si hay antecedentes familiares), existen algunos factores que influyen a la hora de que una mujer pierda la menstruación antes de cumplir los 40 años. Entre las causas de la menopausia precoz se encuentran:
Los síntomas más evidentes son la pérdida de la menstruación (amenorrea) o cambios importantes en el ciclo menstrual, pero existen otros síntomas que pueden advertirnos de que nos encontramos ante esta patología. Entre los síntomas de la menopausia precoz se encuentran los cambios de humor, disminución del deseo sexual, alteraciones del sueño, sequedad vaginal o problemas urinarios, como incontinencia e irritabilidad en la vejiga.

Generalmente, la menopausia precoz no tiene reversión porque implica la pérdida de la función ovárica. No obstante, existen varios tratamientos que pueden ayudar aminorar los síntomas y, por tanto, mejorar la calidad de vida de las mujeres.
Una terapia hormonal puede aliviar algunos síntomas como los sofocos o la sequedad vaginal. Por otro lado, se puede complementar el tratamiento con suplementos de calcio y vitamina D para prevenir la osteoporosis, una enfermedad que es muy común en mujeres con menopausia precoz.
Es complicada la prevención de esta patología, porque las causas muchas veces son genéticas o están fuera del control de la persona que la padece. Sin embargo, hay algunas medidas que pueden ayudar a reducir el riesgo:

Las mujeres que han sido diagnosticadas con menopausia precoz pueden conseguir un embarazo, aunque los métodos pueden variar según el caso. Entre el 5% y el 10% delos casos, los ovarios pueden seguir funcionando de manera intermitente, lo que podría resultar en un embarazo espontáneo.
En el resto de casos, las técnicas de reproducción asistida como la fecundación in vitro (FIV) pueden ser la solución, ya que, aunque los ovarios no produzcan óvulos, el útero puede albergar un embarazo que se conseguiría bien con ovocitos vitrificados previamente por la mujer, con óvulos de donante o bien mediante la adopción de embriones. Los especialistas en fertilidad tendrán que estudiar cada caso de forma individualizada para decidir el proceso más adecuado.