La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad crónica del sistema nervioso central que tiene un origen autoinmune y con la que el sistema inmunitario ataca la mielina, la capa que recubre las fibras nerviosas del cerebro y la médula espinal. Este daño puede alterar la transmisión de los impulsos nerviosos y provocar síntomas muy diversos, como fatiga intensa, debilidad muscular, problemas de equilibrio y coordinación, alteraciones visuales, entumecimiento u hormigueo en distintas partes del cuerpo, dificultades para hablar o pensar con claridad y, en algunos casos, problemas de movilidad.
El problema de esta enfermedad suele aparecer entre los 20 y los 40 años, una etapa que coincide exactamente con la edad reproductiva de muchas personas. Por eso, las personas que la sufren tienen muchas dudas acerca de cómo puede afectar a su salud reproductiva o, incluso, si puede impedir el embarazo.
A la hora de llevar a cabo un tratamiento de fertilidad se deben tener en cuenta múltiples factores que podrían interferir no solo en el tratamiento en sí, sino también en la salud de la madre, del padre o del futuro bebé. De ahí la importancia de estudiar cada caso de forma individualizada.
Cuando ya existen enfermedades previas diagnosticadas, es muy común preguntarse si es compatible con el embarazo o, simplemente, con el tratamiento de reproducción asistida en sí. Por ejemplo, la esclerosis múltiple, una enfermedad autoinmune que afecta al sistema nervioso y que, en la mayoría de los casos, no impide que se pueda formar una familia. Te contamos qué debes tener en cuenta si la padeces y buscas un embarazo.
De manera general, la esclerosis múltiple no reduce directamente la fertilidad ni en mujeres ni en hombres. Sin embargo, algunos factores asociados a la enfermedad pueden influir de manera indirecta. Por ejemplo, puede haber limitaciones físicas, disminución de la libido, estrés psicológico asociado al diagnóstico o efectos secundarios de algunos tratamientos.
En hombres, algunos fármacos o la propia enfermedad pueden afectar a la función sexual o provocar dificultades de erección o eyaculación, lo que puede hacer que sea más difícil conseguir un embarazo natural.

Y en el caso de que se haya producido el embarazo, la esclerosis múltiple no suele aumentar el riesgo de complicaciones obstétricas graves ni afectar al desarrollo del bebé. De hecho, durante el embarazo muchas mujeres experimentan una reducción de los brotes, especialmente en el segundo y tercer trimestre, debido a los cambios inmunológicos que se producen en el organismo.
Una persona que padezca esclerosis múltiple puede recurrir a técnicas de reproducción asistida como la inseminación artificial o la fecundación in vitro siempre que lo necesiten. No obstante, este tratamiento deberá estar coordinado con especialistas en neurología que haga el seguimiento de la enfermedad.
En general, las mujeres con esclerosis múltiple no tienen un riesgo mayor de aborto espontáneo que las que no la padecen, y tampoco existe un aumento de malformaciones congénitas relacionadas con la enfermedad en sí misma. Es, por tanto, una enfermedad que no interfiere tampoco en el embarazo.
Esta pregunta no se puede responder de forma genérica, ya que dependerá siempre de cada caso y, por tanto, necesita que se aborde de forma individualizada. Y es que algunos fármacos utilizados para controlar la esclerosis múltiple son compatibles con el embarazo, pero otros deben suspenderse o cambiarse antes de iniciar la búsqueda. En algunos casos, incluso, es necesario respetar un periodo de “lavado” del medicamento antes de intentar la concepción.
Por este motivo, cualquier planificación reproductiva debe hacerse de forma coordinada entre neurología y reproducción asistida para mantener la enfermedad controlada sin poner en peligro la seguridad del embarazo.