La investigación científica, liderada por la embrióloga de IVF-Life Madrid, Alba Alarcón, estudia si factores como la morfología del embrión, el día en que se realiza la biopsia, el tipo de ovocito y la edad materna influyen en la posibilidad de que un embrión sea euploide o aneuploide.
La ploidía del embrión se refiere al número correcto de cromosomas. Los embriones euploides tienen más probabilidades de implantar con éxito, dar lugar a un embarazo sano y evitar pérdidas gestacionales. Por el contrario, los embriones aneuploides presentan alteraciones cromosómicas y son una de las principales causas de fallos de implantación y abortos espontáneos.
Aunque tradicionalmente se ha confiado en la morfología para seleccionar embriones, no siempre sirve para predecir con precisión la calidad genética. Por eso, el uso del diagnóstico genético preimplantacional (PGT-A) se ha convertido en una herramienta clave para mejorar la selección.

La investigación liderada por Alba Alarcón ha sido seleccionada para el congreso de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE), que se celebrará en París del 29 de junio al 2 de julio.
Los resultados de este análisis, que abarca más de 7.500 blastocistos, ofrecen nuevas perspectivas para entender qué características del embrión están relacionadas con una mayor probabilidad de ser genéticamente normales.
En particular, la investigación revela que la morfología del embrión, sobre todo la calidad del trofectodermo (TE) y de la masa celular interna (ICM), tiene un impacto significativo en la ploidía. A medida que la calidad morfológica disminuye, el riesgo de aneuploidía aumenta. De este modo, los embriones clasificados como ICM C o TE C tienen probabilidades notablemente más altas de presentar alteraciones cromosómicas en comparación con aquellos que tienen una morfología A.
Otro factor clave que se ha identificado es el momento en que se realiza la biopsia. Los embriones que alcanzan el estadio de blastocisto en el día 6 muestran una mayor proporción de aneuploidías en comparación con los del día 5, lo que sugiere que un desarrollo más lento podría estar relacionado con una menor competencia genética.
Además, la expansión del blastocisto actúa como una variable protectora: los embriones con un mayor grado de expansión (grado 6) presentan menos anomalías cromosómicas que aquellos con menor expansión. La edad materna también se ha reafirmado como un factor importante. Por cada año adicional, el riesgo de aneuploidía aumenta, lo que subraya la necesidad de considerar la edad de la paciente (o de la donante, en su caso) como una variable clave en la planificación de tratamientos. En cambio, el tipo de ovocito utilizado, ya sea fresco o congelado, no mostró una influencia significativa en la calidad genética del embrión.
“Estos hallazgos no solo enriquecen el conocimiento científico, sino que también tienen una aplicación directa en la práctica clínica. Identificar de manera más precisa qué embriones tienen un mayor potencial reproductivo permite optimizar la selección y reducir el número de transferencias fallidas, mejorando así las tasas de éxito y acortando el tiempo necesario para lograr un embarazo”, asegura Alba Alarcón.