La vitrificación ovocitaria es una solución para las mujeres que quieren ser madres pero que consideran que todavía no es el momento. Mediante punción folicular se extraen los óvulos del interior de los folículos de la mujer para congelarlos y almacenarlos hasta el momento en el que decida utilizarlos en un futuro ciclo de reproducción asistida, si la gestación espontánea no llega.
Entre 2011 y 2021 se ha multiplicado por 15 el número de mujeres en España que deciden congelar sus óvulos. Según los datos recogidos por la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) en su informe anual. De ellas, casi el 70% lo hace por motivos sociales, y solo 3 de cada10 opta por la criopreservación por motivos médicos (cirugías o tratamientos como la quimioterapia que pueden dañar la reserva ovárica).
Esta tendencia “seguirá creciendo en los próximos años debido a que cada vez retrasamos más la maternidad por la búsqueda de estabilidad laboral y personal, lo que dificulta las posibilidades de conseguir un embarazo espontáneo”, explica Raquel Pascual, psicóloga especialista en medicina reproductiva y gerente de la clínica de IVF-Life en Madrid. A partir de los 35 años las mujeres experimentan una disminución considerable en la cantidad y calidad de sus óvulos, una situación que se agrava especialmente a partir de los 40 años.
En esta línea, según los datos que publica la SEF, el 40% de las mujeres que congelan sus óvulos lo hace entre los 35 y los 39 años. “La recomendación general es que se haga cuanto antes, ya que habrá más probabilidad de conseguir óvulos de mejor calidad y de incrementar, por tanto, las posibilidades de éxito en el futuro tratamiento”, apunta Pascual.
La edad media de las mujeres que vitrificaron sus óvulos en 2021 fue de 36,4 años, un año menos que en el año 2011, cuando se situaba en 37,4 años. “Es una buena noticia que se reduzca la edad media, pero sigue por encima de la edad recomendada. Mi consejo es que, si tenemos claro que queremos tener hijos más adelante, congelemos cuanto antes. No es un seguro, pero aventurarnos a dar este paso permite ‘parar el tiempo’ de los óvulos mantener su calidad, maximizando así las posibilidades de gestación con material genético propio en un futuro, pese al paso de los años”, señala la psicóloga Raquel Pascual.
Y es que el efecto de la edad es uno de los factores más influyentes en el pronóstico de los tratamientos. Aunque nos sintamos jóvenes y no sea factible socialmente en muchos casos plantearnos una maternidad antes, la edad ideal para concebir, biológicamente hablando, no deja de ser entre los 20 y los 30 años.
“La sociedad nos empuja hacia una maternidad quizás demasiado tardía, pero la ciencia nos proporciona herramientas para planificarla adelantándonos a problemas altamente frecuentes cuando el reloj biológico y el social no llevan la misma velocidad”, según Pascual. Por eso, añade, “sin duda todos deberíamos hacernos eco de la existencia de estas opciones que ahorrarían a muchas parejas tener que recurrir a tratamientos mucho más complejos y difíciles de asumir económica y emocionalmente en el futuro”.
La reducción en la edad media de las mujeres que deciden dar este paso ha ido en descenso cada año, algo que se atribuye, cada vez más, a la difusión de la existencia de esta posibilidad, un procedimiento sencillo, seguro, y sin repercusión en la capacidad reproductiva de la mujer.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2023, el 10,7% de los nacimientos en España fueron de madres de más de 40 años, frente al 6,8% que se registró en 2013. En esta línea, el año pasado el 40% de los nacimientos en nuestro país fueron de madres de más de35 años, el doble que en el año 2013.
Estos datos reflejan la tendencia al alza en la edad de las madres españolas con el consiguiente riesgo a que surjan problemas a la hora de tener hijos de forma natural. En este contexto, la medicina reproductiva se convierte en una herramienta imprescindible para muchas parejas. De hecho, el 11% de todos los bebés que nacen en España son fruto de tratamientos de reproducción asistida.