En España, entre el 2% y el 3% de las gestaciones son embarazos múltiples, ya sean gemelares o mellizos, lo que se traduce en unos 9.500 bebés anuales que llegan al mundo a través de un parto múltiple. Estos nacimientos múltiples han fascinado siempre a la sociedad y, más allá de la curiosidad, su explicación combina diferentes factores.
En el caso de los gemelos dicigóticos, es decir, los que conocemos como mellizos o no idénticos, son el resultado de la fertilización de dos óvulos distintos por dos espermatozoides distintos. Por tanto, los dos bebés comparten los mismos genes, pero no provienen de los mismos gametos. Este tipo de embarazos tienen un componente hereditario.
“La predisposición a liberar más de un óvulo en un mismo ciclo, lo que conocemos como hiperovulación, puede transmitirse de madres a hijas. Por esa razón, la tendencia familiar a tener mellizos proviene de la línea materna”, explica la doctora Paloma Baviera, ginecóloga especialista en reproducción asistida de IVF-Life Alicante. “En cambio, el hecho de que el padre sea mellizo no aumenta la probabilidad de que su pareja tenga mellizos, porque en este caso él no puede transmitir a su descendencia la capacidad de ovular más de una vez en un ciclo”, señala la doctora.

Por otro lado, existen otros factores que pueden aumentar la probabilidad de que el embarazo sea de mellizos, como la edad materna (es más frecuente a partir de los 35 años), el número de embarazos previos y algunos orígenes étnicos (por ejemplo, es más común en poblaciones africanas).
Otro de los casos es el de los gemelos monocigóticos, los que conocemos como gemelos idénticos. En este caso, ambos bebés proceden de un único óvulo y espermatozoide, que se dividen después en dos embriones. Aquí no existe un componente genético claro, ya que ocurre de forma aleatoria y con una frecuencia bastante estable en todas las poblaciones: aproximadamente 3-4 por cada mil partos en todo el mundo. Si ya hablamos de trillizos, cuatrillizos o más bebés en un solo embarazo, puede ser debido a combinaciones de fecundaciones múltiples y divisiones embrionarias.
Las técnicas como la fecundación in vitro (FIV) han sido, durante años, responsables de un incremento en los partos múltiples. La razón es muy sencilla: en sus inicios se solían transferir dos o más embriones al útero para aumentar las probabilidades de éxito del tratamiento. “La situación hoy es muy distinta, ya que los avances en los laboratorios y la calidad de los tratamientos nos permiten seleccionar los embriones con mayor posibilidad de éxito, por lo que, de forma general, transferimos un único embrión a nuestras pacientes”, apunta la doctora Paloma Baviera.
Cuando se sigue este procedimiento, no existe la posibilidad de embarazo múltiple, ya que depende exclusivamente del número de embriones introducidos.

Por tanto, mientras que en la naturaleza los embarazos múltiples dependen del azar biológico, en la reproducción asistida es el equipo médico, junto con la pareja, quien decide si habrá uno o más embriones en juego.
Los embarazos múltiples implican un esfuerzo adicional para el organismo materno y, por ello, se asocia en ocasiones a ciertos riesgos que requieren especial atención médica. Entre las complicaciones más habituales se encuentran la hipertensión y la diabetes gestacional, así como una mayor posibilidad de parto prematuro. Además, estos embarazos suelen precisar un control más estrecho por parte del equipo obstétrico y con frecuencia terminan mediante cesárea.
Pero, a pesar de todo, muchos embarazos múltiples transcurren de forma segura y con buenos resultados tanto para la madre como para los bebés. La clave está en un seguimiento médico que permita detectar y manejar de manera temprana cualquier complicación.
Para muchas familias, la experiencia de ver crecer a hermanos al mismo tiempo es motivo de ilusión. Además, en determinados contextos de reproducción asistida, puede suponer una manera de ampliar la familia en un solo proceso, reduciendo tiempos y costes emocionales.