Por Sonia Albero Amorós (Ginecóloga colegiada - 030311380).
Para la realización del PGT-A es necesario realizar una biopsia al embrión, que habitualmente se realiza cuando alcanza la fase de blastocisto, alrededor de los días 5 o 6 de desarrollo. En ese momento ya podemos diferenciar dos grupos de células: las de la masa celular interna, que darán lugar al futuro feto, y las del trofoectodermo, que participarán principalmente en la formación de la placenta.
El embriólogo extrae unas pocas células del trofoectodermo y se envían al laboratorio de genética para analizar su material cromosómico. Una de las técnicas más utilizadas actualmente es la secuenciación masiva o NGS (Next Generation Sequencing), que permite estudiar todos los cromosomas de la muestra. Mientras se realiza este análisis, el embrión se vitrifica y permanece conservado hasta que se dispone del resultado.
A partir de ahí, el laboratorio puede clasificar los embriones como euploides, aneuploides o, en determinados casos, mosaicos, cuando la muestra analizada presenta una combinación de células con diferente dotación cromosómica.
Es importante tener presente que el PGT-A es una prueba de selección embrionaria, no una garantía de embarazo. El hecho de que un embrión sea euploide aumenta la información que tenemos sobre él, pero su capacidad de implantar también depende de otros factores.
Cuando una pareja lleva varios intentos de reproducción asistida, ha sufrido pérdidas gestacionales o llega al tratamiento a una edad en la que el riesgo de alteraciones cromosómicas en los embriones es mayor, es habitual hacerse la siguiente pregunta: de si se puede saber algo más de los embriones antes de transferirlos al útero materno.
En esta línea surge el PGT-A o Test Genético Preimplantacional para Aneuploidías, una técnica que permite estudiar si un embrión presenta un número correcto de cromosomas antes de decidir su transferencia. Eso sí, el PGT-A no analiza todas las enfermedades genéticas posibles, sino que estudia fundamentalmente si existen cromosomas de más o de menos.
Cuando el resultado muestra el número esperado de cromosomas hablamos de un embrión euploide; sin embargo, cuando existen alteraciones numéricas hablamos de un embrión aneuploide. Esta información puede ayudar a seleccionar mejor qué embrión transferir en determinados casos, aunque el PGT-A no está indicado de forma rutinaria para todas las pacientes que realizan una FIV y siempre debe valorarse teniendo en cuenta la edad, los antecedentes reproductivos y el número de embriones disponibles.
No existe una única situación en la que deba realizarse siempre un PGT-A. Su utilidad debe valorarse de forma individual porque el beneficio potencial no es el mismo en todas las pacientes.
A medida que aumenta la edad de la mujer, también aumenta la probabilidad de que los ovocitos den lugar a embriones con alteraciones en el número de cromosomas. Por este motivo, la edad materna avanzada es uno de los escenarios en los que puede plantearse con mayor frecuencia el PGT-A, especialmente cuando la paciente dispone de varios blastocistos que pueden ser analizados.
El riesgo de aneuploidía aumenta progresivamente con la edad y, además, la utilidad del PGT-A depende también de la reserva ovárica y del número de embriones que se consigan. En mujeres de mayor edad, seleccionar un embrión euploide puede ayudar a evitar algunas transferencias de embriones aneuploides, que tienen menos posibilidades de evolucionar correctamente y presentan un mayor riesgo de aborto.
Una proporción importante de los abortos que ocurren durante el primer trimestre está relacionada con alteraciones cromosómicas del embrión. Por eso, cuando una mujer o una pareja ha sufrido varias pérdidas gestacionales, puede plantearse si el PGT-A puede ayudar a seleccionar embriones euploides antes de realizar una nueva transferencia.
La evidencia disponible sugiere que el PGT-A puede reducir el riesgo de aborto en algunos grupos de pacientes, pero todavía no está demostrado de forma clara que aumente la probabilidad acumulada de conseguir un recién nacido vivo en todas las parejas con abortos de repetición. Por tanto, antes de indicar la prueba conviene estudiar las posibles causas de las pérdidas y valorar aspectos como la edad de la mujer, su reserva ovárica y el número de embriones que previsiblemente podrán obtenerse.

Cuando se han realizado varias transferencias embrionarias sin conseguir una gestación evolutiva, una de las posibles explicaciones puede ser que algunos de los embriones transferidos presentaran alteraciones cromosómicas. En estas situaciones, el PGT-A puede considerarse como una herramienta más dentro del estudio del caso, ya que permite conocer el estado cromosómico de los blastocistos antes de decidir cuál transferir.
Sin embargo, los fallos de implantación pueden tener múltiples causas y no siempre están relacionados con una alteración cromosómica del embrión. Por eso, el PGT-A no debe entenderse como una solución automática ante varios intentos fallidos, sino como una opción que puede valorarse dentro de un estudio más amplio de las circunstancias de la paciente.
En algunos casos de factor masculino severo puede existir un mayor interés por estudiar el origen de la infertilidad y valorar si existe alguna alteración genética asociada. Sin embargo, el factor masculino severo por sí solo no supone necesariamente una indicación de PGT-A. Antes de decidirlo, puede ser necesario realizar estudios genéticos específicos en el varón y determinar si existe realmente un riesgo aumentado que justifique una estrategia concreta.

El principal objetivo del PGT-A es disponer de más información sobre los embriones antes de realizar la transferencia. Una de sus ventajas es que permite evitar la transferencia de embriones identificados como aneuploides, que tienen menos posibilidades de implantar correctamente y una mayor probabilidad de terminar en aborto.
Por este motivo, cuando existe más de un blastocisto disponible, conocer cuáles son euploides puede ayudar a establecer un orden de transferencia más preciso y reducir el número de transferencias de embriones con pocas posibilidades de dar lugar a una gestación evolutiva. Además, la evidencia disponible indica que el PGT-A puede reducir el riesgo de aborto en determinados grupos de pacientes, un aspecto especialmente importante en casos de mujeres de mayor edad o con antecedentes de pérdidas gestacionales.
Sin embargo, es importante matizar que el PGT-A no aumenta el número de embriones sanos que produce una paciente ni garantiza una mayor tasa acumulada de recién nacido vivo. Por tanto, más que entenderlo como una técnica que mejora todos los resultados de una FIV, debemos verlo como una herramienta de selección embrionaria que puede aportar ventajas en determinados perfiles.
Actualmente la biopsia suele realizarse en fase de blastocisto y se toman unas pocas células del trofoectodermo, sin extraer células de la masa celular interna que dará lugar al futuro feto. La experiencia acumulada con esta técnica indica que la biopsia de trofoectodermo realizada por profesionales experimentados tiene un impacto bajo sobre la viabilidad del embrión. Consulta nuestras tecnologías de laboratorio y el proceso de Fecundación In Vitro con PGT-A.
También hay que tener en cuenta las limitaciones propias del análisis. La biopsia estudia únicamente una pequeña muestra de células y puede obtener resultados mosaico o, en algunos casos, resultados no concluyentes. Por este motivo, el PGT-A debe realizarse en laboratorios con experiencia, como el de IVF-Life, y siempre acompañado de un adecuado asesoramiento antes de tomar decisiones sobre los embriones.
El tiempo necesario para obtener los resultados depende del laboratorio de genética, de la técnica utilizada y de la organización de cada centro. Durante ese periodo, los blastocistos permanecen vitrificados y, cuando se reciben los resultados, el equipo médico puede planificar la transferencia del embrión seleccionado en un ciclo posterior.
Esto significa que un tratamiento de FIV con PGT-A normalmente no incluye una transferencia en fresco pocos días después de la punción, sino que el proceso se divide en dos momentos: primero se obtienen, biopsian y vitrifican los embriones y posteriormente se prepara el endometrio para realizar la transferencia.
Puede ocurrir que, después del análisis, ninguno de los embriones biopsiados sea clasificado como euploide. Esta situación es más frecuente a medida que aumenta la edad materna, porque también aumenta la proporción de ovocitos que pueden dar lugar a embriones con alteraciones cromosómicas.
Si esto sucede, no se realizará la transferencia de un embrión clasificado como aneuploide únicamente para completar el tratamiento. El equipo médico revisará los resultados y explicará qué opciones existen en función de las circunstancias del caso. Dependiendo de la edad de la paciente, la reserva ovárica, el número de embriones obtenidos y los tratamientos realizados previamente, puede plantearse un nuevo ciclo de estimulación para intentar obtener más embriones.
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