Por Isabel Herrera (Médica colegiada - 030310741).
Cuando hablamos de reserva ovárica nos referimos a la cantidad de ovocitos que permanecen disponibles en los ovarios. Y para conocerla se utilizan principalmente dos herramientas: la hormona antimülleriana o AMH, que se determina mediante un análisis de sangre, y el recuento de folículos antrales (RFA), que se realiza mediante una ecografía transvaginal al inicio del ciclo.
La AMH se produce en las células que rodean a los folículos ováricos pequeños y, de forma general, cuanto menor sea su concentración, menor será la cantidad de folículos que podemos esperar que respondan a una estimulación. En este sentido, no existe un valor universal que permita clasificar de la misma manera a todas las mujeres, ya que los resultados deben interpretarse teniendo en cuenta la edad, el laboratorio y el resto de la valoración clínica, pero una AMH inferior aproximadamente a 1 ng/ml suele considerarse indicativa de una reserva reducida.
En los criterios clásicos de baja respuesta utilizados en reproducción asistida se han empleado valores aproximados de AMH entre 0,5 y 1,1 ng/ml y recuentos de menos de 5-7 folículos antrales.
Sin embargo, ninguna de estas cifras debe interpretarse de manera aislada. Una mujer puede tener una AMH baja y conseguir ovocitos capaces de generar embriones viables, mientras que otra con una reserva elevada puede presentar otras dificultades reproductivas.
En este punto, también es importante diferenciar dos conceptos que a menudo se utilizan como si fueran equivalentes: baja reserva ovárica y baja respuesta a la estimulación. La primera se puede calcular antes de que comience el tratamiento mediante AMH y RFA. La segunda, sin embargo, solo podemos saber realmente cómo es cuando observamos cómo han respondido los ovarios después de administrar la medicación.
Un diagnóstico de baja reserva ovárica puede generar mucha preocupación y dudas en las pacientes, sobre todo si tienen el deseo de ser madre y el tiempo juega en su contra. Pero la realidad es que tener una baja reserva ovárica no significa que sea imposible conseguir un embarazo ni que todos los ovocitos tengan necesariamente peor calidad.
Lo que indica este parámetro, principalmente, es que los ovarios disponen de un menor número de folículos susceptibles de responder a una estimulación y que, por tanto, durante una fecundación in vitro (FIV) es posible que se obtengan menos ovocitos de los que conseguiríamos en una paciente con una reserva mayor.
A partir de ahí, entran en juego otros factores que son igualmente importantes, como la edad, la calidad espermática, la respuesta obtenida en tratamientos anteriores y, por supuesto, cómo evolucionen los embriones en el laboratorio. Por eso, cuando existe una baja reserva, el tratamiento no consiste simplemente en administrar más medicación para intentar conseguir más óvulos, sino en diseñar una estrategia adaptada a las posibilidades reales de cada paciente.
Sí. Una AMH baja no significa que no pueda conseguirse un embarazo con ovocitos propios. Lo que indica es que, probablemente, se obtendrán menos ovocitos durante la estimulación, por lo que se reduce el número de oportunidades para conseguir embriones.
Este matiz es importante porque la reserva ovárica habla fundamentalmente de cantidad, mientras que la calidad de los ovocitos está mucho más relacionada con otros factores, especialmente con la edad. Por ejemplo, dos mujeres pueden tener una AMH similar y, sin embargo, presentar un pronóstico reproductivo muy diferente si una tiene 32 años y otra 42. Aunque las dos pueden obtener pocos ovocitos, la probabilidad de que esos ovocitos den lugar a embriones cromosómicamente normales será diferente en ambos casos debido, principalmente, a la edad.
Por esta razón, en pacientes con baja reserva, el objetivo suele ser aprovechar de la mejor manera posible cada respuesta ovárica y cada ovocito obtenido, sabiendo que no existe ningún tratamiento capaz de crear nuevos ovocitos o revertir la reducción natural de la reserva.
No existe un protocolo único para todas las pacientes con baja respuesta ovárica, ya que detrás de cada caso pueden encontrarse situaciones muy diferentes. Por eso, el tratamiento debe adaptarse siempre teniendo en cuenta la edad, la AMH, el recuento de folículos, las estimulaciones realizadas previamente y la respuesta que se obtuvo en ellas.
En casos de baja respuesta ovárica, puede parecer lógico pensar que aumentar las dosis de medicación hará crecer más folículos, pero el ovario solo puede responder con los folículos disponibles en ese ciclo, por lo que utilizar dosis cada vez más altas no significa que se vaya a conseguir más ovocitos.
Por eso, la estrategia no consiste solo en aumentar la cantidad de gonadotropinas, sino en seleccionar el protocolo que mejor se adapte a las características de la paciente. En estos casos, existen diferentes alternativas de estimulación, desde protocolos convencionales hasta estrategias más suaves o modificaciones en el momento de inicio de la estimulación.
Cuando en cada estimulación se obtienen muy pocos ovocitos, una estrategia que puede valorarse es la de realizar varios ciclos de estimulación y vitrificar los ovocitos maduros obtenidos en cada uno de ellos, de manera que se acumulen antes de proceder a su fecundación. Gracias a este procedimiento se pueden conservar los ovocitos durante este proceso y reunir una cohorte mayor que la que probablemente conseguiríamos con una única estimulación.
Esta estrategia no hace que los ovarios produzcan más ovocitos en cada ciclo ni mejora la calidad de los que se obtienen, pero sí que permite aumentar el número total de ovocitos disponibles a partir de varias punciones, algo que puede resultar muy útil cuando la respuesta esperada es muy baja.
Además, en algunos casos también puede plantearse realizar dos estimulaciones dentro de un mismo ciclo menstrual, una estrategia conocida como DuoStim o doble estimulación, con el objetivo de obtener ovocitos tanto en la fase folicular como posteriormente en la fase lútea. Esta estrategia puede ser interesante especialmente cuando es necesario acumular ovocitos en un periodo reducido de tiempo.
El cultivo a blastocisto, alrededor del día 5 o 6, permite observar cuáles mantienen un desarrollo adecuado durante más tiempo y seleccionar así aquellos con mayor potencial para continuar el tratamiento. Además, si existe una edad materna avanzada y existen varios blastocistos disponibles, también puede valorarse realizar un Test Genético Preimplantacional para Aneuploidías (PGT-A), que permite estudiar si los embriones presentan un número correcto de cromosomas.
Por tanto, la decisión de prolongar el cultivo, acumular embriones o realizar PGT-A debe tomarse teniendo en cuenta cuántos ovocitos se obtienen, cómo evolucionan los embriones y qué información puede aportar realmente cada técnica en ese caso concreto.
Hay casos en los que, a pesar de adaptar la estimulación y realizar varios intentos, se obtienen muy pocos ovocitos, no consiguen embriones evolutivos o presentan unas posibilidades de embarazo con gametos propios muy reducidas. Cuando ocurre esto, puede llegar el momento de valorar otras alternativas como la ovodonación, un tratamiento de reproducción asistida en la que se utilizan ovocitos procedentes de una donante para generar los embriones que posteriormente serán transferidos a la paciente.
Al utilizar ovocitos de mujeres jóvenes seleccionadas como donantes, el factor relacionado con la edad y calidad ovocitaria cambia totalmente, lo que permite alcanzar posibilidades de embarazo elevadas incluso en mujeres cuya reserva ovárica ya es muy reducida.
Para muchas pacientes supone dejar atrás la posibilidad de transmitir su carga genética, algo que puede necesitar tiempo, información y acompañamiento antes de tomar una decisión.
Las pacientes con baja reserva o baja respuesta constituyen uno de los perfiles en los que la personalización del tratamiento tiene más importancia, precisamente porque pequeñas diferencias entre un ciclo y otro pueden condicionar la estrategia.
Cuando una paciente llega a las clínicas de IVF-Life, especialmente si ya ha realizado tratamientos en otros centros, no nos fijamos únicamente en el valor de la AMH. Revisamos también su edad, el recuento de folículos antrales, cómo han respondido los ovarios en ciclos anteriores, qué dosis de medicación se utilizaron, cuántos ovocitos maduros se obtuvieron, cómo fecundaron y cuál fue la evolución de los embriones.
Con toda esa información podemos valorar si merece la pena modificar el protocolo de estimulación, realizar varios ciclos para acumular ovocitos o embriones o plantear otras estrategias. Además, el trabajo del laboratorio es muy importante cuando disponemos de pocos ovocitos, porque cada uno de ellos representa una oportunidad que hay que manejar de forma muy cuidadosa durante la fecundación, el cultivo y la posible vitrificación.
Mantener una alimentación equilibrada, evitar el tabaco, reducir o eliminar el consumo de alcohol, realizar ejercicio con regularidad y mantener unos hábitos saludables son recomendaciones beneficiosas para la salud general y reproductiva.
Sin embargo, no existe actualmente ningún alimento, dieta o suplemento que haya demostrado revertir la baja reserva ovárica o rejuvenecer los ovocitos.
No existe un número mínimo universal de folículos que obligue a realizar o cancelar una punción ovárica. Cuando una paciente presenta una reserva ovárica normal y responde mucho peor de lo esperado, obtener uno o dos folículos puede hacer que el equipo valore si tiene sentido continuar ese ciclo o modificar la estrategia.
Sin embargo, la situación es distinta cuando hablamos de una mujer con baja reserva conocida, en la que precisamente esperábamos obtener pocos ovocitos. En estos casos, incluso un único folículo puede representar una oportunidad, y la decisión de llegar a la punción dependerá de la edad de la paciente, de sus tratamientos anteriores, del tamaño y evolución de ese folículo, de la estrategia planteada y de las alternativas disponibles.
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Documento oficial de la ASRM que examina las implicaciones clínicas de las pruebas de reserva ovárica, su utilidad para orientar la planificación de tratamientos reproductivos:
https://www.asrm.org/practice-guidance/practice-committee-documents/testing-and-interpreting-measures-of-ovarian-reserve-a-committee-opinion-2020/